¿Puerta Grande o enfermería? El complicado morlaco de Javier León

El alcalde responde a las preguntas del abogado Carlos Castro. NACHO GALLEGO/EFE

La crónica de una jornada que tardará en olvidar el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva: la de su juicio por presunta desobediencia a la justicia.

Reza la máxima del mundo taurino, al que Javier León es muy aficionado, que en “tardes de expectación, corridas de decepción”.  Al menos así debieron de sentirse los cerca de cuarenta manifestantes que esperaban al alcalde de Valladolid a las puertas del juzgado. Reclamaban justicia, en la vista en la que León de la Riva era juzgado por presunta desobediencia por el ‘Caso de los Áticos’ del edificio Caja Duero de Plaza Zorrilla.

 

Pero el regidor evitó el paseíllo a pecho descubierto y la Puerta Grande de los juzgados. Hizo que su coche de cuadrillas lo dejara en un acceso lateral, en la calle Torrecilla, y así burló el grupo de antis (entiéndase el símil) que se quedaron sin ver al alcalde camino del albero judicial. No obstante, por no faltar a la verdad, también tuvo sus defensores y hasta algunos recordaban a la prensa los éxitos y triunfos del veinte años regidor.

 

La hora era poco taurina (las 9.30 horas de un lunes) pero el alcalde se enfrentaba a uno de los peores toros de su carrera. Junto al primer espada, alguno de sus subalternos de confianza, mozos de estoques y equipo médico habitual. Los nervios del acusado a causa del mal trago eran evidentes en el redondel de la sala.

 

León de la Riva -vestido con un terno azul marino, camisa blanca y corbata a rayas con insignia del escudo vallisoletano en la solapa- esperaba que salieran los de la toga negra. Aunque el clásico dice que ‘más cornadas da el hambre’ o que ‘en peores plazas se ha toreado’; una mala faena y... adiós a la temporada electoral. Una triste despedida para un espada que siempre presumió de comandar el escalafón en lo suyo.

 

En la sala, muy atentos su cuadrilla. Especialmente Toño Martínez Bermejo que, cual sobresaliente, pudiera estar decidido a coger los trastos si hubiera revolcón judicial. Este humilde cronista no tiene capacitación para juzgar lo juzgado. Unos dirán que el primer espada de esta encerrona salió por la Puerta Grande, otros que por la enfermería; algunos que se alivió con una faena de aliño, los otros que estuvo aseado e incluso los habrá quienes aplaudan la actitud aguerrida de León de la Riva o quienes crean que ha llegado la hora de que se corte la coleta. Para gustos, las faenas y las divisiones de opiniones.

 

Tras más de cinco horas y media, el alcalde volvía a salir por la puerta lateral, aunque ahora tenía que soportar las almohadillas y la bronca de algunos de sus detractores. El público es soberano que para eso paga impuestos. Al menos, Javier León se desahogó con la prensa y dio explicaciones de cómo fue su paso por los juzgados: un morlaco que el alcalde no tardará en olvidar. El final se demorará algunas semanas más; entonces sabremos si la juez saca el pañuelo naranja del indulto o el temido verde de los corrales. 

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