Probamos el nuevo Renault Mégane GT Line dCi 110

La marca francesa, que se encuentra inmersa en una profunda renovación de toda su gama de automóviles, presenta la cuarta generación del Renault Mégane, que gana en diseño, calidad, equipamiento, seguridad y dinamismo.

ESTABLE Y MUY EQUIPADO 

 

Pero no sólo el motor transmite muy buenas sensaciones, el bastidor también aprueba con nota. Desde los primeros kilómetros uno se da cuenta que ahora el Mégane es más coche, no sólo porque tenga una pisada más firme y decidida, sino también por lo bien que aíslan las suspensiones y lo refinadas que resultan por muy mal que se encuentre el asfalto. El acabado GT Line, además de presentar una estética más deportiva, ofrece de serie unas suspensiones con un reglaje distinto. Gracias a ello, encontramos un coche más estable y muy aplomado que no resta puntos al confort de marcha.

 

Para finalizar, toca hablar de equipamiento, y en este apartado encontramos nuevamente un coche muy avanzado, sobre todo en cuanto a ayudas de conducción se refiere. Entre lo más destacable cabe reseñar el regulador de velocidad adaptativo, el sistema de frenada emergencia asistida, la alerta por cambio involuntario de carril, la alerta de distancia de seguridad, la alerta de exceso de velocidad con reconocimiento de las señales de tráfico, el detector de ángulo muerto, la cámara de visión trasera, el cambio automático de luces largas/cortas, la ayuda al aparcamiento delantera, trasera y lateral, el sistema parking manos libres, y la tecnología 4Control que es el equipamiento estrella y que no lo pudimos probar en nuestra unidad de pruebas. Esta versión, que ya está disponible en los concesionarios, se puede adquirir por 26.000 euros.

Desde que Renault lanzó en 1996 la primera generación de su modelo compacto, el Mégane siempre ha sido uno de los modelos que más ventas ha registrado. Para seguir manteniéndose en la lista de los más vendidos, Renault ha diseñado un coche completamente nuevo que supera en todos sus apartados a su predecesor y que plantea muy buenos argumentos para situarse en lo más alto de su competida categoría.

 

Sin duda, los principales cambios que experimenta este modelo se aprecian nada más echar el primer vistazo a su carrocería. De este modo, adopta la nueva tendencia en diseño de la marca con un frontal muy llamativo en el que destaca el rombo, que ahora tiene mayor protagonismo. Detrás, los grupos ópticos, al igual que los delanteros, ganan en presencia y le dan un toque moderno al conjunto.

 

UN HABITÁCULO QUE GANA EN DISEÑO Y CALIDAD 

 

El interior también cambia de manera radical, ya que ahora encontramos un diseño que nos recuerda a otros modelos de la marca, como Talisman y Espace. Al igual que sus hermanos de gama, el Mégane también mejora notablemente en calidad, gracias, en gran medida, a los nuevos materiales utilizados y a la sensación de solidez que ofrece todas las zonas del habitáculo.

 

Otro de los puntos que cabe destacar del interior, es la posición a los mandos, que mejora de manera notable si la comparamos con el anterior modelo y que se asemeja a la que podemos tener en un Volkswagen Golf. Ahora, nos sentimos más integrados en el puesto de conducción y podemos viajar en una posición más baja, algo que agradecerán las personas de mayor estatura.

 

Mención especial merecen los asientos delanteros, que en la versión GT Line resultan muy ergonómicos a la vez que envolventes. Tiene un diseño de tipo buquet en el que los reposacabezas están totalmente integrados con el respaldo. Quizá hubiera sido mejor optar por unos asientos tradicionales con un reposacabezas independientes que se pudieran regular en altura y profundidad.

 

Si hablamos de habitabilidad, cabe destacar la amplitud que hay en las plazas traseras, que ofrecen bastante holgura en todas sus cotas y, especialmente, el espacio disponible para las piernas. Los asientos, que no son tan ergonómicos como los delanteros, resultan correctos y confortables.

 

El maletero, que tiene una capacidad de 384 litros, se sitúa en la media de su segmento. Sus formas regulares permiten cubrir todo tipo de necesidades y aprovecharlo al máximo. Además, si queremos aumentar su volumen, se pueden abatir los respaldos de los asientos traseros para conseguir una capacidad máxima de 1.247 litros.

 

Para finalizar el análisis del interior, no debemos dejar en el tintero el sistema R-LINK 2 que equipaba nuestra unidad de pruebas y que disponía de una pantalla vertical de 8,7 pulgadas (22 cm), idéntica a la de los nuevos Espace y Talisman. Gracias a esta incorporación, el nuevo Mégane es único de su segmento en ofrecer una pantalla capacitiva que ofrece una sensación táctil similar a la de un smartphone o de una tablet. El R-LINK 2 está equipado con reconocimiento de voz para la navegación, el teléfono, las aplicaciones y la radio, para un acceso más sencillo y seguro a las funciones. Pero además de este equipamiento tecnológico, para rematar esa atmósfera de modernidad que es capaz de ofrecer este modelo y encontrar un habitáculo más acogedor, podemos optar por diferentes tonalidades en su iluminación y en la pantalla táctil, una solución muy similar a la que presenta MINI en sus modelos.

 

MOTOR REFINADO Y DE BAJO CONSUMO

 

Cuando nos ponemos en movimiento seguimos percibiendo todas las mejoras que ha experimentado esta nueva generación. En primer lugar, tenemos el motor, que hace gala de un refinamiento impecable y un aislamiento acústico muy trabajado. Sus 110 CV mueven con solvencia los 1.200 que pesa este modelo, sin que echemos más caballos para realizar una conducción que supera con holgura los límites legales de velocidad.

 

Como suele ser tendencia en los muchos modelos que se comercializan actualmente, el nuevo Mégane ofrece ahora cinco modos de conducción (Neutral, Eco, Confort, Sport y Personal), que se pueden gestionar desde la pantalla multifunción y permiten endurecer la dirección, mejorar la respuesta del motor, modificar el diseño del panel de instrumentos y consumir menos carburante si optamos por el modo ‘Eco’. Precisamente, si nos centramos en el consumo, el Mégane se sitúa entre las mejores opciones de su categoría. Según nuestras mediciones, la unidad de pruebas que pudimos probar fue capaz de conseguir un consumo medio de unos 4,5 litros a los 100 kilómetros. Sin duda, un dato que habla muy bien de lo que es capaz de conseguir el 1.5 dCi de la firma francesa.