Perera y los jóvenes taurinos, por la Puerta Grande

Miguel Ángel Perera a hombros, acompañado de los jóvenes taurinos.
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El pacense cortó dos trofeos y fue aclamado por más de medio centenar de jóvenes aficionados en una apoteósica salida a hombros en el coso de Zorrilla. Ponce, muy profesional, paseó un trofeo y Talavante pasó desapercibido.

Miguel Ángel Perera y los jóvenes taurinos vallisoletanos abandonaron por la Puerta Grande el coso de Zorrilla. El primero, en volandas, por su firme, templada y honda actuación en el albero; los segundos para acompañar al pacense –padrino de esta agrupación que rejuvenece la Fiesta- y por su labor en el tendido. Un tendido que llenaron gracias a una ventajosa promoción de la empresa Valtauro.

 

Los jóvenes se hicieron sentir en un festejo programado con motivo de San Pedro Regalado y con su presencia demostraron que la tauromaquia no es anacrónica y que también tiene su hueco en la sociedad del siglo XXI.

 

El pacense Miguel Ángel Perera, que hoy recogerá el trofeo San Pedro Regalado, del Ayuntamiento de Valladolid al triunfador de la pasada feria de Nuestra Señora de San Lorenzo, no vino a Pucela únicamente a por una estatuilla. Dejó claro que es un torero a tener en cuenta en esta estrenada temporada. Firmeza, temple, y valor seco son las señas de identidad de una tauromaquia propia, con mucha personalidad y que cala entre los aficionados.

 

Cierto es que se llevó el lote más potable de una noble corrida de Hermanos Jiménez, pero muy floja y en algunos casos desarazada. En su primero, ya avisó con un ceñido quite por chicuelinas y tafalleras. Inicio de faena -sello de la casa- en los medios y con un cambio por la espalda, para continuar con series poderosas de mano baja y muletazos largos. Zapatillas asentadas, franela cosida a la punta del pitón y remates en un palmo.

 

El trasteo bajó en intensidad al natural; en el pitón menos claro, donde Perera tampoco se acopló. Vuelta sobre la mano diestra, distancias más cortas, manoletinas y estocada. Oreja de ley.

 

En el quinto, por el contrario, basó su faena sobre la mano izquierda. El toro llegó sin demasiado gas al trasteo, pero el pacense a base de insistir fue exprimiendo todos los naturales que llevaba el de García Jiménez. Toreo despacioso y poderoso, muy poderoso. De nuevo, Perera acortó las distancias –lugar en el que siempre se sintió cómodo- y su acierto con la espada le permitió un nuevo trofeo para descerrajar la Puerta Grande del coso vallisoletano.

 

Enrique Ponce lleva más de dos décadas arriba, pero ya huele a despedida. Sorteó un sobrero de Moisés Fraile, noblón y templado hasta que se rajó. No acabó el valenciano de acoplarse a la embestida del primero bis. Mala lidia de su cuadrilla en el segundo, aunque Ponce justificó su inclusión en los carteles, apostó y a base de oficio, técnica y ganas construyó una faena pulcra, en el que el veterano diestro estrujó todo lo poco que llevó un astado que no quiso pelea, lo que le valió una trabajada oreja.

 

Alejandro Talavante tiene una cita histórica el próximo sábado en Madrid con su encerrona con seis victorinos. Y seguramente su mente, por momentos, voló desde el coso de Zorrilla al venteño. En su primero bastante tuvo con sostenerlo en pie; pero quizá anduvo toda la tarde frío y apático.

 

En el sexto lo intentó y todo se quedó en un querer y no poder. Algunos detalles sueltos, ante un descastado oponente y poco más. El fallo reiterado a espadas no ayudó y su paso por San Pedro Regalado pasó con más pena que gloria. En definitiva un profesional Ponce; un firme Perera y un desapercibido Talavante honararon al patrón de los coletudos, que también es de la ciudad del Pisuerga.