Padres preocupados: ¿por qué mi hijo no sale de casa?

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En muchas ocasiones puede llegarnos a exasperar ver cómo nuestro hijo o hija adolescente malgasta su tiempo libre. No es que nos moleste que esté a gusto en casa, pero sí puede llegar a preocupar.

¿A qué se debe que un adolescente no tenga amigos y pase horas y horas en su habitación? Dice que le gusta mucho la música, pero no parece normal que a su edad sea tan introvertido y se relacione tan poco. ¿No sale porque carece de amigos, o porque no le gustan los que tiene? ¿Es cobarde, o independiente, o indiferente, o selectivo...? ¿Cómo podemos ayudarle?

 

En muchas ocasiones puede llegarnos a exasperar ver cómo nuestro hijo o hija adolescente malgasta su tiempo libre. No es que nos moleste que esté a gusto en casa... pero las horas que pasa en su habitación, tumbado en el sofá del cuarto de estar o, simplemente, deambulando por la casa, tienen un límite.

 

Nos damos cuenta de que los chicos necesitan amigos: la verdadera amistad es un tesoro que han de descubrir cuanto antes. Claro que es más fácil no tener amigos, ni tener que esperarles, ni amoldarnos a sus gustos, ni aguantarnos a veces sus bromas... Pero, para bien o para mal, el hombre depende de los demás y una personalidad que no ha sido complementada con otras se queda fofa y sin matices. Y, además, con los amigos se pasan los ratos más divertidos.

 

¿POR QUÉ NO SALE MI HIJO ADOLESCENTE?

 

Sin pretender agotar la casuística, el adolescente casero responde, por lo general, a uno de estos cuatro perfiles:

 

1. El comodón que, por pereza, se aficiona cada vez mis a las grandes ventajas del hogar: sofá mullido, frigorífico bien surtido, televisión y DVD propios... Se queda en casa simplemente porque lo pasa bien.

 

2. El solitario, vicioso de los videojuegos, ordenador o incluso la lectura, se queda en casa simplemente porque lo pasa bien y no se plantea ampliar horizontes.

 

3. El chico con complejos (reales, imaginarios, grandes o pequeños, da igual) que no los ha asumido, o que le dan miedo las burlas de los demás.

 

4. El tímido que, sintiéndose inseguro de sí mismo, se refugia en el hogar para encontrar cariño y aceptación o para usarlo como escondite por cobardía a enfrentarse a la vida real.

 

EL COMODÓN

 

Cuando los chicos se construyen en casa un pequeño universo de comodidades y están tan a gusto que les cuesta proyectarse al exterior, los padres suelen ser en gran medida responsables de la situación. Sobre todo, durante los años anteriores a la adolescencia. A ellos corresponde, por tanto, poner los medios y abandonar posturas excesivamente proteccionistas. Los chicos han de esforzarse en hacer la cama, ordenar su habitación o no tirar la ropa.

 

Si les exigimos en estas pequeñas cosas luego les será más fácil congeniar con otros chicos. Si siempre está acostumbrado a tenerlo todo hecho, lo normal es que sus amigos no quieran ser sus criados.

 

EL JUGADOR SOLITARIO

 

Los juegos son más educativos cuantas más personas participen. No se trata de una regla científica sino de un hacer ver que los juegos en solitario no son adecuados, especialmente cuando existen problemas de relación con los amigos. Las actividades que le aíslan de los demás (videojuegos, películas...) no pueden seguir siendo duelos solitarios: hay que animarle a compartirlos. Estas aficiones pueden resultar un inmejorable punto de partida para consolidar amistades, si en ellas participan chicos o chicas que las compartan.

 

EL ADOLESCENTE ACOMPLEJADO

 

Uno de los frenos más comunes que tienen para relacionarse los chicos y chicas de estas edades son, sencillamente, los complejos. Desde los defectos físicos graves hasta un corte de pelo que no le gusta, pasando por el bien conocido acné juvenil. Es un tema difícil pero, antes o después, han de acabar por asumirlos o luchar par evitarlos, si se puede.

 

Los padres hemos de estar vigilantes para no provocarlos y engordarlos con nuestra actitud. Un síntoma de la existencia de complejos es, precisamente, ese "hogarismo" desproporcionado y el no querer encontrarse con amigos.

 

EL TÍMIDO

La timidez no es sinónimo de introversión. Las personas introvertidas son personas que se concentran en su mundo interior y que no necesitan relacionarse con los demás. La diferencia fundamental es que el tímido no sabe cómo relacionarse con los demás y el introvertido no lo necesita, es decir, no busca relacionarse con el resto.

 

Los adolescentes tímidos suelen preocuparse en exceso del qué dirán y temen una crítica negativa. Todo esto provoca una ansiedad que les impide realizar algunas actividades con normalidad y hace que intenten evitarlas, por la falta de confianza en sí mismos y el miedo a hacer el ridículo. Por ejemplo, cuando tiene que relacionarse con amigos, especialmente del sexo opuesto; cuando se quiere empezar o acabar una conversación; cuando se trata con desconocidos; ante la necesidad de tomar la iniciativa o asumir responsabilidades; y en el momento de hablar en público o expresar sentimientos.

 

Las consecuencias de la timidez son claramente negativas, afectan a la estabilidad psicológica, la satisfacción personal y las relaciones con el entorno. La timidez crea problemas sociales, dificulta conocer gente nueva, hacer nuevos amigos y disfrutar de ellos.