Ortega Cano enfila de nuevo hacia la cárcel tras seis intensos días de permiso

ORTEGA CANO SU ULTIMA POSIBLE DESPEDIDA DE ANA MARIA ALDON

José Ortega Cano ha regresado a la cárcel de Zuera (Zaragoza), después de disfrutar seis días de permiso penitenciario. Al contrario que las dos anteriores ocasiones en las que permaneció en Madrid, el diestro ha alternado parte de los días inaugurando su nuevo negocio en Benidorm.

Acompañado de su pareja, Ana María Aldón, y su hijo José María Ortega pasó unos agradables días en la localidad alicantina, donde reinauguró su bar, acudió a una corrida de toros como espectador y disfrutó del calor y el buen tiempo acompañado de los suyos.


No sólo estuvo allí, si no que el fin de semana puso rumbo a Madrid donde cenó en familia. Gloria Camila, José Fernando, Ana María, José María y José aprovecharon que estaban todos juntos para acudir a un restaurante de La Moraleja.Sin embargo esta felicidad se ha visto empañada con el ingreso de urgencia de su hermano Eugenio a consecuencia de un agravamiento de su estado de salud.

ORTEGA CANO REGRESA A PRISIÓN A LA ESPERA DEL TERCER GRADO

El pasado 8 de abril finalizaba este tercer -y quizás último- permiso del viudo de Rocío Jurado. El tercer grado podría estar cerca, ya que ya ha cumplido un cuarto de la pena y sólo quería que se pronuncie el juez de Vigilancia Penitenciaria.

Una vez que obtenga este régimen de semilibertad se trasladará a Madrid, ya que allí vive su familia. Residiría en el Centro Victoria Kent, donde compartiría habitación con otro recluso y por las mañanas podría salir para trabajar y estar con los suyos. Mientras que llega ese momento, Ortega Cano -condenado a dos años y medio de cárcel por un delito de homicidio imprudente y conducción temeraria por el accidente en que murió Carlos Parra- continúa en Zuera.

El extorero llegaba a las inmediaciones del centro penitenciario pasadas las once de la mañana, acompañado por su futura esposa, Ana María Aldón, su hijo José María y la niñera.

José permaneció en el interior del vehículo durante unos minutos despidiéndose de su hijo, el único que consigue arrancarle una sonrisa en cada uno de sus ingresos. A continuación el empresario y su mujer aparecieron cogidos de la mano, demostrando que incluso en los peores días, es posible la alegría.

Deseoso por hacer quizá su último paseíllo, se mostró tranquilo y amable con los medios, como en ocasiones anteriores. "Han sido seis días de muchas cosas, he intentado hacer todo, pero bien" reconocía, y es que ha aprovechado para "ordenar un poco la vida".

 

 

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