“No sabíamos si era una explosión o un choque de trenes”

Los vecinos del inmueble ubicado en la Calle San Luis 18, donde esta madrugada ha ardido un bar tras una fuerte deflagración, relatan a Tribuna Valladolid los momentos de angustia vividos y la incertidumbre sobre lo que estaba ocurriendo.

“No sabíamos si era una explosión o un choque de trenes”. Carmen vive en el primero de la calle San Luis, 18. Justo encima del bar que toma el nombre de esta dirección y que esta madrugada era devorado por las llamas. “Escuchamos un gran estruendo y tembló la casa, enseguida nos asomamos al balcón y vimos las llamas”, explica la vecina, quien aún conmocionada recuerda como todos los vecinos bajaron a la calle “en pijama y zapatillas”. “Parecía una película”.

 

Carmen, horas después de los hechos, se encontraba esperando al perito de su compañía aseguradora que deberá valorar los daños ocasionados por el incendio y la explosión, especialmente en el baño. “Se me ha agrietado el suelo y no funciona el agua”.

 

Todos los testigos coinciden en señalar que se vivieron momentos dantescos. María vive justo enfrente al bar San Luis 18. “Eran las dos de la mañana y escuchamos la explosión. Creíamos que era una bomba. Enseguida vimos las llamas y llamamos a la Policía, que no tardó ni cuatro minutos en llegar”, relata. “A mi marido le dio tiempo a retirar nuestro coche, aparcado junto al bar, aunque tiene bastantes daños”.

 

 

“Aún estoy temblando”, dice María, quien asegura ser testigo de una segunda explosión en la que la máquina tragaperras “salió volando por la ventana”. Los bomberos y la Policía desalojaron a los vecinos del inmueble, quien pasadas las cuatro de la madrugada pudieron volver a sus viviendas. Otro vecino relata que la deflagración levantó su cama.

 

Incluso en los pisos superiores, la explosión se dejó sentir. “Tembló todo el edificio”, dice Carlos Lucas, que vive en el ático. Utiliza las palabras de “sorpresa y miedo” para calificar todo lo acontecido. Aún recuerda el tremendo estruendo y el ruido de los cristales esparcidos a varios metros. Afortunadamente no hubo que lamentar daños personales, aunque los vecinos tardarán en olvidar el susto que se llevaron en medio de una noche, aparentemente, tranquila.