No recoger los excrementos de su perro en Valladolid puede costarle entre 30 y 150 euros

Una mujer pasea con su perro por la zona de la Rosaleda, en Valladolid. JUAN POSTIGO

El Reglamento Municipal lo cataloga como una infracción leve, que sanciona al responsable con semejante cantidad si no se recogen las deposiciones de la mascota.

Seguro que le ha pasado en más de una ocasión. Va paseando por la calle tranquilamente, cuando de repente siente una extraña sensación en el zapato. Agacha la cabeza para comprobar el motivo... y se encuentra con una desagradable sorpresa en forma de excremento en la suela, de esas que tendrá que limpiar al llegar a casa. Quizá se sienta más satisfecho, solo quizá, al pensar que esa persona se expone a una multa si es que es descubierto por la autoridad, y no nimia, precisamente.

 

Todo se recoge en el Reglamento Municipal Regulador de la tenencia y comercialización de perros del Ayuntamiento de Valladolid, más concretamente en el artículo 51 del capítulo VII, que habla del “régimen sancionador”. “Tienen la consideración de infracciones leves”... comienza el apartado, y en medio de un batiburrillo de posibles situaciones, ahí está. “No procederse a la limpieza de las deyecciones del perro por la persona que conduzca el animal”. Curiosa forma de decirlo, pero bien claro.

 

¿Y la multa? “Las infracciones leves se sancionan con multas desde 5.000 pesetas a 25.000 pesetas”, deja patente el documento. Un momento, ¿pesetas? “Sí, el Reglamento Municipal es tan antiguo en ese sentido que todavía está en pesetas”, confirma la concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Valladolid, María Sánchez, a Tribuna. “Simplemente se hace el cambio y se sanciona”. Dicho lo cual, la ‘receta’ queda entre los 30 y los 150 euros. Casi nada.

 

“También se pena la reindicidencia de esa persona, si es que ya se le ha descubierto en sin recoger los excrementos de su perro en otras ocasiones”, continúa Sánchez –de ahí entre otros factores la posible variación de la cuantía-, antes de confirmar que “esperan adaptar el Reglamento” cuanto antes, ya que este se aprobó allá por 1998.

 

El procedimiento es sencillo, y es que si alguien es descubierto con su perro por las calles de Valladolid sin hacer uso de la clásica bolsa de plástico para recoger las deposiciones, el Policía Municipal de turno está en todo el derecho de comunicarle la situación y abrir el mencionado expediente. Eso sí, para ello hay que pillarle in fraganti, claro, cosa que no ocurre siempre.

 

El Reglamento, en este sentido, es cristalino. “Si las deyecciones se depositasen en zonas no autorizadas por el Ayuntamiento, el propietario o persona que conduzca el animal será responsable de la recogida de las mismas mediante el empleo de bolsas impermeables y de su depósito en las papeleras, en las bolsas de basura domiciliaria o en los contenedores municipales situados en las vías públicas”. ¿Que no se cumple? Sanción al canto. O sea que si tiene perro, sabrá hasta qué punto le compensa llevar o no las milagrosas bolsas salvadoras.