Ninguno de los dos quiso ganar (1-1)

Real Valladolid y Almería se llevaron un punto cada uno en un encuentro que empezó aburrido y terminó loco, con un penalti fallado por parte de cada equipo, el del Pucela en el descuento. 

FICHA TÉCNICA

 

1- Almería: Casto; Antonio Marín, Fran Vélez, Morcillo, Míchel Zabaco; Fatau (Montoro, m. 66), Fernando Soriano, Lolo Reyes; Quique González (Cristian Herrera, m. 86), Chuli e Iván Sánchez (José Ángel Pozo, m. 66).

 

1- Real Valladolid: Kepa; Chica, Marcelo Silva, Samuel, Hermoso; Timor, Juan Villar (Guzmán, m. 72); Manu del Moral (Diego Rubio, m. 77), Tiba, Mojica, y Rodri (Juanpe, m. 87).

 

Goles: 1-0, m. 55: Quique González. 1-1, m. 62: Mojica.

 

Árbitro: Arias López, del colegio cántabro. Amonestó a Fatau (m. 24), Antonio Marín (m. 71), Chuli (m. 80), Montoro (m. 81) y Soriano (m. 92), de la UD Almería, y a Hermoso (m. 14) y Tiba (m. 73), del Real Valladolid.

 

Incidencias: Partido correspondiente a la jornada undécima del Campeonato de Liga de Segunda División A, Liga Adelante, celebrado en el Estadio de los Juegos Mediterráneos, con 6.628 espectadores.

No hay nada en el mundo del fútbol como no querer ganar. Uno puede pelear un balón dividido, puede luchar hasta que se queda sin aliento, puede intentar esa zancada imposible que te permita llegar a un balón que te dé la última oportunidad. Pero si no quieres ganar, no ganas, claro. Eso mismo les pasó a Almería y Real Valladolid este domingo en el estadio de los Juegos mediterráneos, en un choque aburrido en su primera mitad y loco justo al final. ¿Por qué? Pues porque ambos marraron un penalti con el 1-1 en el marcador e impidieron que cualquiera se llevara los tres puntos.

 

Y no sería porque ninguno lo necesitaba. Los rojiblancos llegaban como colistas, los blanquivioletas con la intención de confirmar el efecto Portugal. Pero a veces las urgencias chocan, haciendo que una especie de bloqueo mental se instale en la cabeza impidiendo tener las ideas claras. Y sí señor, así fue en el estadio de los Juegos Mediterráneos.

 

Portugal planteó el partido para entrar por bandas, Carrillo más para aprovechar las contras y los fallos del Pucela. Ninguno consiguió su objetivo, no plenamente al menos. Con Óscar fuera de actividad y Tiba y Timor en el centro del campo el Valladolid tenía mucho por demostrar. Enfrente, un Almería que empezó sosegado y se fue creciendo con el paso de los minutos.

 

¿Resultado? Un muermo. Dicho rápido y mal, los primeros cuarenta y cinco minutos fueron de esos para olvidar, de los que el temor atenazó tanto a ambos conjuntos que terminó por aburrir al espectador, pobre de él.

 

Eso le falta probablemente al equipo de Portugal. Si bien es cierto que, por fin, ha conseguido darle un aire fresco al Valladolid, no ha hecho lo propio para quitarle esa ansiedad de la que hablaba el día de su presentación. Son solo dos partidos, poco a poco, pero los blanquivioletas no cuentan con demasiado margen. La cuestión es que la primera parte pasó con más pena que gloria y los bostezos comenzaron a asomar en Almería.

 

Hasta que llegó la segunda parte. Y vaya segunda parte. Hubo de todo. Pero vayamos por partes. Primero, Kepa comete ese fallo de infantil que ocurre de vez en cuando y que Quique no estaba dispuesto a desaprovechar ante su ex equipo. Pum, para adentro. 1-0. Pestañeo de ojos, Mojica, que pasaría de ángel a demonio antes del final del partido, transforma un balón perdido en un golazo por la escuadra. 1-1.

 

Y a partir de ahí, locura. Chuli probablemente debió ser expulsado por una brutal patada en la cara a Kepa cuando ambos se lanzaron a por un balón dividido y el Pucela supo sobrevivir al arreón almeriense, pero la cerradura del manicomio estaba a punto de abrirse. De hecho, fue Timor el que hizo de cerrajero con un tonto penalti a Pozo. Prepárense, porque son dos capítulos muy parecidos.

 

Chuli mira a Kepa, coge carrerilla. Mojica mira a Casto, coge carrerilla. Casi de manera paralela, ambos la pegan. Directa a las manos de ambos cancerberos. Apenas veinte minutos separaron las dos acciones, pero da igual. El marcador se quedaba igual. Sí, y es que Mojica también tuvo la suya en el añadido, pero ninguno quería ganar. Entre medias, ambos equipos lo habían intentado, pero ninguno había querido. Y es que para ganar en el fútbol, tienes que querer.

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