Naufragio de los rejones en el aguacero que cerró la feria

Hermoso de Mendoza y Leonardo Hernández estropearon su actuación con el rejón de muerte. La tarde tuvo que suspenderse en el sexto toro por el aguacero. Mal Manzanares, despedido entre pitos.

Corrida de rejones. Última de feria. Un tercio de entrada en tarde desapacible y lluviosa. El aguacero obligó a suspender el festejo antes de que saliera el sexto de la tarde. Se lidió una corrida desigual de Castillejo de Huebra y José Manuel Sánchez.

 

Pablo Hermoso de Mendoza. Silencio y ovación.

 

Leonardo Hernández. Silencio y Silencio.

 

Manuel Manzanares. Silencio en el único que mató. Fue despedido con pitos.

La última de feria naufragó. En la entrada, en la climatología y también en el resultado del festejo. Los tres rejoneadores anduvieron a la deriva con los rejones de muerte y lo que siempre suele ser una fiesta del toreo a caballo se convirtió en una corrida soporífera que terminó antes de tiempo por el diluvio que cayó cuando las mulas arrastraban al quinto.

 

El albero se puso impracticable y la presidencia ordenó la suspensión del festejo. Manuel Manzanares se ahorraba el mal tragó tras su desafortunada actuación en el tercero, muy impreciso en los embroques, atropellado en muchos casos y con un rejón de castigo que cayó medio metro trasero. Por si fuera poco pasó un calvario con el descabello, en una actuación tan desagradable con el verduguillo que se despidió entre pitos.

 

Manso de solemnidad fue el castillejo que abrió plaza. Pablo Hermoso de Mendoza aún así destapó su oficio y lo puso todo de su parte. El silencio cerró su actuación tras fallar con el rejón de muerte. El cuarto tuvo más colaboración. El navarro sacó toda su artillería pesada, especialmente cuando montó a Disparate y las piruetas que dibujó con Dalí. Completó su paso por el coso de Zorrilla con las banderillas cortas a lomos de Pirata. Pero, de nuevo, el mal uso de los aceros hizo que el público, ya refugiado en las gradas, le premiase simplemente con unas cariñosas palmas.

 

Lo que podía haber sido una maciza actuación de Leonardo Hernández se lo llevó también el fallo con los rejones de muerte. Le acompañó el segundo, un buen toro que acudió tras la grupa del caballo montado por Leonardo. Pena que el astado fuera a menos y no colaborara en los últimos tercios. Aún así el caballero puso toda la carne en el asador en el tercio de banderillas. De haber sido venturoso en la suerte suprema, hubiera caído al menos una oreja.

 

Ya con la lluvia arreciando en el quinto, el rejoneador fue a por todas, especialmente en banderillas donde brilló con Sol, en una nublada y lluviosa tarde. Paradojas. Leonardo demostró su excelente monta y el buen momento que atraviesa. Solo el repetido mal uso con el rejón definitivo le hizo ayer abandonar a pie el encharcado albero del coso de Zorrilla.

 

El chaparrón provocó la suspensión en el sexto de la tarde. Ni el ruedo, ni el público, ni Manuel Manzanares no estaban ya para mucha fiesta