Tribuna mini Saltar publicidad
Cartel definitivo iberian file

Nada nuevo bajo el sol de Zorrilla (2-4)

Los jugadores del Llagostera celebran uno de los goles. LFP

El Real Valladolid hincó la rodilla ante el Llagostera en la última jornada de Liga regular, con un once totalmente cambiado, y ya espera a Las Palmas este miércoles.

Ficha técnica:

 

2 - Valladolid: Raúl Fernández; Carmona, Chus Herrerro, Iván Casado, Brian; Sastre (Álvaro Rubio, min. 67), Alfaro, Óscar Díaz, Jeffren (Jorge Hernández, min. 70), Pereira (Timor, min. 57) y Tulio de Melo.

 

4 - Llagostera: Moragón (Adri, min. 85); Masó, Jorge, Aimar, Enric Pi; Tito, Barnils (Jordi López, min. 51), Imaz, Eloy Gila, Sergio León (Querol, min. 61) y Arturo.

 

Goles: 1-0: Pereira (min. 25). 1-1: Imaz (min. 40). 1-2: Sergio León (min.44). 1-3: Eloy Gila (min. 55). 2-3: Tulio de Melo, (min. 57) y 2-4: Arturo (min. 85).

 

Árbitro: Areces Franco (Comité asturiano). Mostró tarjeta amarilla a los locales Óscar Díaz (min.44) y Chus Herrero (min.53) y a los visitantes Aimar (min.32) y Pi (min.56).

 

Incidencias: Partido de la jornada 42 de la Liga Adelante disputado en el estadio José Zorrilla ante 5.093 espectadores.

Un amistoso como final de campaña. Así se vivió un Real Valladolid – Llagostera pobre en cuanto a juego, pese a lo que dicte el resultado, en el estadio José Zorrilla, que terminó 2-4 y con algún que otro pito en la grada como queja al juego y a los experimentos que realizó Rubi. Y es que fue un choque que realmente se asimiló más como un partido amistoso que como uno oficial.

 

Malas sensaciones en Zorrilla, consecuencia de que no había absolutamente nada en juego. Perder duele, pese a que se supiera que todo iba a ser un paripé, por no hablar de la manera de marcharse a casa. Como si de un amistoso de verano se tratase, calor infernal en Zorrilla incluido, quedó patente desde el primer momento que no iba a tratarse de un choque con demasiada tensión. Rubi cumplió su amenaza de formar con un once completamente distinto a lo que se había visto hasta ahora, con el objetivo de reservar y dar descanso a los más habituales y eso se notó.

 

Se notó hasta el punto de que la grada, pese al resultado abultado, bostezó en más de una ocasión. Y pitó, claro. Ni Valladolid ni Llagostera iban con la tensión habitual de un partido de este calibre, y en el césped lo que podría haber sido una auténtica final por el ascenso o descenso, se quedó en nada. Al menos Pereira, quizá en una especie de reválida, consiguió hacer su sexta diana de la temporada a centro de De Melo mediada la primera mitad.

 

Pero no fue más que un espejismo. Carmona, Brian e Iván Casado formaban una defensa más bien endeble, solo sujetada por un veterano más ducho como Chus Herrero, que sumado a la calidad de algunos jugadores del Llagostera como Sergio León fue más que suficiente para que el débil castillo de naipes se viniera abajo.

 

En un visto y no visto, polémica servida por una mano de Aimar antes del primero de los dos goles y una falta que no pareció existir de Óscar Díaz y que concluyó con el segundo. En un periquete, los catalanes le habían dado la vuelta a un partido sin trascendencia, pero que cabreaba al público, antes del descanso. La anécdota de partido iba camino de convertirse en pesadilla... y así fue.

 

Realmente había mucho experimento que calibrar y detalles a analizar. Raúl Fernández, en sustitución de Javi Varas bajo palos, demostró maneras, pero es obvio que no era el partido más adecuado para plantearse nada. Los tres nombrados canteranos hicieron ver mimbres, pero poco más para que de verdad puedan llegar de manera definitiva al primer equipo. ¿Y Alfaro? Este también tuvo detalles en su regreso a la titularidad, aunque nada del otro mundo.

 

Y la segunda parte, más de lo mismo. Los de Rubi seguían mostrándose como un flan y ni siquiera los cambios consiguieron dar algo más de consistencia a un equipo apático, hundido, que mucho tendrá que mejorar para conseguir algo en el play off. La tónica blanquivioleta se ha transformado en algo ramplón, simple, que no gusta nada de nada a la grada.

 

Según iban cayendo los goles –en ningún momento dio la sensación el Valladolid de poder remontar-, más se iba convenciendo la afición de que la liguilla de ascenso no va a ser ningún paseo, ni mucho menos. El problema es precisamente ese, que no va a haber rival fácil. Y menos una roca como Las Palmas, que llega con las pilas cargadas.