Miles de almas, testigos del emocionante Encuentro

La temperatura agradable echó a vallisoletanos y visitantes a la calle para ser partícipes de un emotivo Encuentro entre Cristo Camino del Calvario y la Virgen de las Angustias en la Plaza de Santa Cruz.

Hace muchos años que no se recordaba una procesión del Encuentro con una temperatura tan veraniega y con una participación tan multitudinaria. Miles de personas se echaron a la calle para presenciar uno de los momentos álgidos de la Semana Santa de Valladolid: el encuentro entre Cristo Camino del Calvario y su Madre, la Virgen de las Angustias.

 

Al filo de las ocho y media de la tarde, la Cofradía de Jesús Despojado sacaba a hombros a su paso titular de la iglesia de San Andrés. La llamada de honor corría a cargo del alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva. Cuarto de hora más tarde, la iglesia penitencial de las Angustias se atestaba de espectadores para ver la emocionante salida de la Virgen de las Angustias, una de las tallas con más devoción en la capital, tallada por el genio Juan de Juni.

 

Las calles vallisoletanas convertidas en un Calvario veían desfilar a la moderna talla del nazareno (Miguel Ángel González Jurado  y José Antonio Saavedra García, 2009) camino del encuentro con su Madre. Antes, hubo tiempo de rezar por los enfermos en el Sanatorio del Sagrado Corazón.

 

Pero el momento más esperado llegó en una abarrotada plaza de Santa Cruz, los dos pasos entraban meciéndose al compás para encontrarse en la fachada del Palacio. El predicador entonces hizo un alegato del Encuentro y se acordó de todos los que viven en situación de pobreza y marginalidad, especialmente de los más cercanos, incidiendo en que no se puede tolerar la pobreza infantil.

 

Los dos conjuntos, en hombros de sus cofrades, abandonaron la plaza para dirigirse hasta sus iglesias de partida. Antes de poner fin a la procesión, una emocionada salve a la Virgen de las Angustias despedía el desfile penitencial, que el pasado año hubo que suspenderse por la lluvia. A buen seguro que penitentes, con hábito de terciopelo, y especialmente cargadores pasaron calor en una noche de Martes Santo como no se recordaba hacia tiempo.