Más de 10.000 personas ya han visitado la muestra de arte japonés del Museo de la Pasión

BORIS GARCÍA

La exposición recoge más de 200 obras entre xilografías, caligrafías, armaduras, espadas, objetos de perfumería, instrumentos y abanicos, además de una extraordinaria selección de fotografías de la época.

Mas de 10.000 personas han visitado hasta el momento, en la Sala de Exposiciones del Museo de la Pasión de Valladolid, la exposición 'Arte Japonés. Belleza y Honor en el Antiguo Japón', informaron a Europa Press fuentes de la Fundación Municipal de Cultura.

 

La exposición recoge más de 200 obras entre xilografías, caligrafías, armaduras, espadas, objetos de perfumería, instrumentos y abanicos, además de una extraordinaria selección de fotografías de la época. El material expuesto, proveniente de la Colección Pietro Gobbi, constituye una ocasión "única" para recorrer la historia de una civilización de "antiguos y nobiliarios" orígenes.

 

El interés por Oriente, y en especial por Japón, existe desde "hace mucho" tiempo en Europa y de forma mucho más intensa a partir del tardo-barroco. La inquietud por el exotismo fue una de las "atracciones principales" de las grandes cortes europeas, pero fue el 31 de Marzo del año 1854 cuando, con la apertura de los puertos japoneses y el inicio de acuerdos comerciales a cargo del célebre Comodoro Perry, se inició un "gran cambio".

 

A partir de ese momento, las continuas importaciones de mercancías y manufacturas provenientes de Japón y de China invadieron Occidente. Como dijo Walter Crane, miembro de los prerrafaelitas ingleses, "la apertura de los puertos japoneses al comercio ha tenido una gran importancia en el arte occidental, al igual que Europa ha influenciado el arte japonés".

 

Gracias a la Exposición Internacional de 1862 en Londres y las de 1876, 1878, 1889 en París, el arte oriental tuvo un éxito "sin precedentes". En este periodo se formaron "importantes" colecciones de xilografías y cerámicas, también se fundaron revistas como 'Le Japón Artistique' de Samuel Bing y muchos artistas tomaron el arte y los grabados japoneses como modelo, convirtiéndose así en un paso más en la evolución del gusto y de la composición de una nueva pintura emergente, el Impresionismo, según las mismas fuentes.

 

Artistas como Whistler, quien en 1863 contaba con una "extraordinaria" colección de grabados japoneses y quien adoptaría el logotipo de la mariposa para firmar sus aguafuertes y grabados, quedaron asombrados del arte oriental. Manet también poseía numerosos grabados, que inmortalizó en sus cuadros, como por ejemplo el "conocido" retrato de Emil Zola, con un fondo donde asoman algunas imágenes de gradados japoneses.