María Rozalen: “Quiero sacarme la espinita de mi último concierto en Valladolid”

La cantautora, famosa por actuar junto a la intérprete de signos Beatriz Romero, cuenta para Tribuna de Valladolid sus sensaciones antes de la función de este viernes.

No hay peor sensación que la de quedarse con la idea de que algo que gusta no se ha hecho bien. Una espina clavada, que lo llaman. La misma que tiene –por el momento- María Rozalen, cantautora que este viernes deleitará a los asistentes con su concierto en la Sala Porta Caeli, después de su primera actuación en Valladolid hace ya un tiempo.

 

Fue una noche complicada, pero ella no quiere pensar en el pasado. Desde 1986 que su querido Albacete la vio nacer, ha estudiado psicología y ha hecho un máster de musicoterapia, su gran pasión. Un arte que en realidad le ha acompañado desde niña, pero que encontró su zénit cuando sacó su primer disco el pasado mes de marzo tras su primer contrato profesional con una discográfica.

 

Antes ya había conocido a su gran compañera de conciertos, Beatriz Romero, con quien actúa siempre que puede creando algo diferente y de lo que pueden disfrutar también las personas con discapacidad auditiva. La interacción entre María y Bea se vuelve algo mágico cuando se suben juntas al escenario. Y ahora toca Valladolid.

 

¿Cómo se plantea este concierto en Valladolid? ¿Hay ganas ya de tocar allí?

 

Desde luego que tengo ganas porque desde aquí siempre nos escribe mucha gente y tenemos una espinita clavada. La única vez que fuimos a tocar hubo un pequeño malentendido con la Policía y nos paró el concierto. El lugar tenía un problema con el Ayuntamiento y me tocó a mí.

 

Ganas de resarcirse por el percance, claro.

 

Sí. El concierto tuvimos que terminarlo a capela y con los dedos cruzados para que no hubiera más problemas. Desde entonces la gente me ha escrito mucho para decirme que a ver si volvía… Que si no podía irme con esa imagen de Valladolid… Así que voy con ganas de hacerlo bien.

 

Unos conciertos que no son muy convencionales con la compañía de Beatriz Moreno.

 

Sí, no viene siempre a todos, pero sí estará en Valladolid. Gracias a ella las actuaciones son accesibles para todos aquellos con deficiencias auditivas y queda muy visual. No es algo normal, porque en otros casos si hay intérprete se queda en una esquina, nosotras interactuamos.

 

¿Y cómo surgió la idea de que Beatriz le acompañara?

 

Fue de casualidad, nos conocimos hace unos años y a mí me fascinaba lo que hacía ella. A Bea le gustó también mi música y empezó a interpretar algún tema conmigo. Entonces nos pidieron un concierto para discapacitados en Albacete. Nos preparamos unas canciones y fue muy bien. Cuando ya saqué el disco y hubo que pensar en el videoclip me pareció una manera sencilla de dar una imagen importante, potente, y desde entonces la contraté porque la gente la exige.

 

Desde luego es algo bonito y diferente.

 

Claro que sí, al público le gusta, se ve a ojos vista.

 

Viéndolo tan de cerca, ¿quizá al mundo le falta algo de concienciación en este sentido?

 

Totalmente. Soy muy optimista y pienso que hay mucha bondad en muchas personas, pero en los países donde vivimos hay mucha deshumanidad. En algunas cosas en vez de progresar vamos hacia atrás como los cangrejos.

 

Desde que sacó de forma oficial su disco en marzo ha ido todo de manera muy rápida, ¿no?

 

Sí, sí, rapidísimo, estoy aún deseando que me llegue alguna semana para poder retirarme un poco (ríe). Es demasiado en poco tiempo, sí.

 

¿Cómo es posible?

 

Mucho tuvieron que ver las redes sociales. Hay que estar presente y le debo muchísimo a Internet. Antes de firmar por la discográfica, si no fuera por las redes sociales ni Perry se hubiera enterado de las cosas que hacía. Hay veces que no me gusta estar muy encima, pero hay que estar en ellas.

 

¿Se pone metas en el mundo de la música?

 

Me encantaría poder viajar un montón, que mi música llegase a cuantos más sitios fuera posible. Sueño con poder ir a Latinoamérica, tengo ganas de poder tocar en esos países.

 

En agosto se estrenó su nuevo videoclip “Comiéndote a besos”, donde aparece alguien muy conocido en Castilla y León como es la gimnasta Carolina Rodríguez.

 

Sí, mi productor Ismael se enamoró de ella cuando la vio en un programa de televisión e hizo que todos nos enamoráramos también. Después hubo un vínculo especial, porque los padres de Carolina también son sordos. Fuimos a tocar a León, les conocimos y estuvimos hablando horas, sobre todo Bea. Lo del videoclip fue algo brutal, porque en vez de quedar algo literal, la canción es muy explícita y con Carolina hicimos una coreografía para que a través de su danza y expresividad pudiera contar esa historia. La pelota roja es el símbolo de la sangre, ya que la canción habla de una chica que se enamora de un chico con VIH.

 

Marchó bien entonces la grabación, ¿no?

 

El trato con Carol fue maravilloso, es una chica para comérsela. La capacidad de trabajo y de exigencia que tienen en la gimnasia es brutal. Lo grabamos durante un par de madrugadas y la pobrecilla tuvo que hacer mortales cincuenta mil millones de veces. Aún así siempre estaba con la sonrisa. Estuvo espléndida, yo me quedé flipando.

 

Cambiando de tema, ¿qué intenta transmitir con sus letras?

 

Trato de mostrar lo que siento y lo que sienten las personas que me rodean, sobre todo darle un punto optimista a lo que nos pasa día a día. Concretamente la de “Comiéndote a besos” es muy positiva, porque prevalece el amor sobre todas las cosas. Hay que darle importancia a las cosas que la tengan. Es una invitación a enamorarse de la vida.

 

Suerte en su concierto.

 

Muchas gracias, estoy convencida de que el público de Valladolid se va a portar muy bien, va a ser un día bonito y seguro que va a ser un conciertazo.