Manucho y Ebert creen en los milagros

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El Real Valladolid sacó un valioso punto (2-2) para seguir momentáneamente fuera de los puestos de descenso tras comenzar perdiendo 0-2 y permanecer así hasta el minuto 80. Bacca y Moreno adelantaron al Sevilla y Manucho y Ebert pusieron las agónicas tablas.

FICHA TÉCNICA.

 

RESULTADO: VALLADOLID, 2 - SEVILLA, 2. (0-2, al descanso).

 

ALINEACIONES.

 

VALLADOLID: Mariño, Rukavina, Valiente, Rueda, Peña, Baraja (Rubio, min.68), Rossi, Bergdich (Manucho, min.46), Ebert, Omar (Rama, min.68) y Javi Guerra.

 

SEVILLA: Beto, Diogo, Cala, Pareja, Fernando Navarro, Carriço, Iborra, Alberto Moreno, Vitolo, Jairo (Perotti, min.77) y Bacca (Gameiro, min.80).

 

GOLES:

 

0 - 1, min.1, Bacca.

 

0 - 2, min.31, Alberto Moreno.

 

1 - 2, min.81, Manucho,

 

2 - 2, min.84, Ebert.

 

ÁRBITRO: Prieto Iglesias (C. Navarra). Amonestó a Rossi (min.20) y Ebert (min.91) por parte del Valladolid. Y a Cala (min.5), Carriço (min.35) y Bacca (min.53) por parte del Sevilla.

Los milagros existen. Sí, tal y como lo leen, y más en un mundo tan imprevisible como es el del fútbol. El Pucela, que comenzó el partido perdiendo 0-2 ante el Sevilla, merced de los goles de Bacca y Alberto Moreno, acabó llevándose un punto gracias a los goles de Manucho y Ebert cuando el partido ya agonizaba, pasado el minuto 80. Los de Emery no supieron matar el choque y los blanquivioletas, gracias a un acto de fe que parecía imposible, se queda fuera del descenso a la espera del Celta – Levante de este lunes.

 

Peor no pudo comenzar el partido para el Pucela. Se estaban sentando todavía los espectadores en sus asientos cuando Carlos Bacca, que acabaría firmando un gran partido, agarró el balón en la frontal, cargó la pierna y cruzó el esférico de manera imposible para Mariño. Primer minuto de partido, primera ocasión y primer gol. Tocaba remar desde el inicio.

 

Respondió el Pucela con fuerza a un Sevilla que lleva sin ganar trece meses fuera de casa, pero que en Zorrilla supo tirar de orden y tranquilidad para poner nervioso a su rival. Ebert lo buscó al empalmar un balón centrado por Bergdich que se fue fuera por poco, aunque Bacca puso la réplica enseguida con un misil que despejó Mariño con apuros. Por momentos el partido era entretenido para el espectador, aunque el marcador en contra pasaba demasiado.

 

Los blanquivioletas lo intentaban de mil maneras. Bergdich, muy participativo, insistía desde su banda. Ebert desde la suya. Guerra se peleaba como el que más. Y lo cierto es que las ocasiones pasaban, pero entonces llegó el segundo mazazo. En una de las muchas contras de los andaluces Alberto Moreno, un portento de jugador, cazó un rechace nacido a raíz de un córner y materializó el 0-2 con una bomba teledirigida.

 

Fue entonces cuando se le fundieron los plomos definitivamente el Pucela. Dos goles en media hora eran una losa muy pesada. JIM, el equipo y la grada se desesperaban a partes iguales y muy cerca estuvo el choque de irse 0-3 al descanso. Carriço no consiguió colar una elegante vaselina ni Figueras batir a Mariño, que a pesar de los dos goles firmó una buena primera parte. Al descanso se llegaría 0-2 y tocaba intentar la machada.

 

La segunda parte fue otro cantar. Emery cambió radicalmente su planteamiento, con una defensa ordenada de cinco, y se entregó completamente a matar el partido a la contra. El Pucela, con mucha voluntad pero con poco acierto, lo intentaba sin ningún tipo de resultado. JIM probó dando entrada a Valdet Rama, Manucho y Álvaro Rubio, unas permutas que, aunque tarde, terminarían dando resultado.

 

El Sevilla, mientras, supo seguir a lo suyo. Con tranquilidad, con orden, con pausa, seguía buscando la sentencia por medio de Bacca y Vitolo. Los minutos iban transcurriendo, las ocasiones brillaban por su ausencia y el carrusel de cambios y la lesión de Iturra no hacían más que acelerar el temido final.

 

Fue entonces cuando se obró el milagro. El Pucela estaba desesperado, no daba con la tecla, pero Manucho no estaba dispuesto a que el equipo terminara por primera vez esta temporada en los puestos rojos. Peña puso un genial centro desde la izquierda y el angoleño ejecutó su especialidad, el remate de cabeza, sin piedad para revivir el partido pasado el minuto 80. Había partido.

 

Podía Gameiro haber sentenciado de nuevo solo un minuto después, cuando falló un remate a puerta vacía que hubiera sido el 1-3, pero el protagonismo le tocaba esta vez a Ebert. Falta peligrosa a tres metros de la frontal, el alemán agarra el balón, respira profundo, la pega… y adentro por la escuadra. El fútbol es sencillo a veces, pero esto era un ver para creer.

 

El partido entró en una fase de locura transitoria. La grada se vino arriba recordando el partido de hace cinco temporadas cuando el Pucela remontó otro 0-2 para convertirlo en 3-2 –aquel lejano choque brilló Canobbio-, y el choque se convirtió en un pasacalles. No se movería más el marcador, pero la emoción se notaba en el ambiente por la locura que supuso la remontada.

 

De esta manera, a falta del partido del Celta, los de JIM escapan al menos momentáneamente del descenso. Y es que para conseguir algo tan difícil como lo que hizo el Valladolid, en este caso a través de Manucho y Ebert, hay que tener fe, algo que sacó a relucir el Pucela, aunque fuera tarde.