Maldonado ya no es el hombre del tiempo

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El novillero vallisoletano Ricardo Maldonado cuaja una gran actuación en su debut en Valladolid. Cortó dos orejas y de no ser por la espada el triunfo hubiera sido rotundo. Láma de Góngora y José Ruiz se fueron de vacío.

Plaza de Toros de Valladolid. Tercera de Feria. Novillada con picadores. Un cuarto de aforo en tarde calurosa.

Se han lidiado seis novillos de El Torreón, muy bien presentados, nobles y manejables. Bueno el primero y el quinto, este con mucha calidad, y extraordinario el que hizo segundo. Geniudo el cuarto y más mansito el sexto.

 

Lama de Góngora (Celeste y oro) Ovación y silencio.

Ricardo Maldonado (Oliva y oro con cabos negros). Vuelta al ruedo y dos orejas.

José Ruiz Muñoz (Verde botella y oro). Silencio y algunos pitos.

Desde hace muchos años el apellido Maldonado siempre estuvo relacionado con la climatología. José Antonio era ese hombre simpaticote y de mejillas sonrosadas que hablaba de isobaras, temperaturas y tormentas. Era el hombre del tiempo. Pero desde este miércoles en el subconsciente de los vallisoletanos, al menos los aficionados al mundo de la tauromaquia, el apellido Maldonado irá intrínsecamente relacionado con el toreo, con el toreo caro.

 

Y es que Maldonado, Ricardo Maldonado, se ha convertido en cueranta buenos muletazos en el novillero de Valladolid, en la esperanza de la tauromaquia vallisoletana. Este espigado joven pucelano ha despejado los nubarrones y con solo cuatro novilladas en su haber ha dejado su impronta de torero diferente: elegante, templado, inhiesto, con mucho gusto, de manos bajas, hombros descolgados, hondo, profundo y sorprendentemente maduro. Será importante aprovechar el anticiclón del triunfo en Valladolid y que el sol que se barrunta en el horizonte pueda dorar un novillero que funcione.

 

Maldonado ya no es apellido de hombre del tiempo. Es apellido de torero. Era su quinta novillada, su debut con picadores en la plaza de su tierra y el triunfo no pudo ser más rotundo, o sí, porque falló con la espada y lo que fueron dos orejas en su segundo (quizá un punto cariñosas) podrían haberse convertido en el lío de la feria.

 

Al menos a Maldonado, apellido de torero y no de hombre del tiempo, nadie le podrá quitar esa gloriosa sensación de cruzar en volandas la Puerta Grande del viejo coso de Zorrilla. Los aficionados nos quedaremos con la gran dimensión ofrecida en una novillada en la que el vallisoletano era convidado de lujo entre una figura del escalafón novilleril como Lama de Góngora y la grata sorpresa de la temporada, José Ruiz, el sobrino-nieto del genio Curro. Pero el vallisoletano les mojó la oreja a los sevillanos.

 

No obstante, Maldonado debe administrar el triunfo. Que las mieles del éxito no le hagan caer en el triunfalismo. Porque vendrán días grises, jornadas de hielo y tormentas que se calen en el ánimo del torero. No todas las tardes serán soleadas con los triunfos y calurosos con los éxitos.  Es fundamental corregir lógicos defectos y tirarse una y un millón de veces sobre el carretón, con la vista puesta en el hoyo de las agujas y el alma en el sueño de convertirse en alguien.

 

 

Ricardo llegaba a su plaza y se encontró con dos novillos del maestro Rincón de ensueño. Especialmente el primero. Celosillo era bravo, noble, largo, suavón, pronto, con el hocico por el suelo. Maldonado lo ha visto y de sus muñecas han salido series largas, profundas, elegantes y muy hondas. Los hombros relajados, el mentón en el pecho, zapatillas clavadas en el albero y la mano sedosa corriendo la tela con suavidad y dulzura.

 

El trasteo ha ido creciendo y los naturales han brotado templados y bonitos como ellos solos. ¿Despegado? Quizá un poco. Pero ha manejado los tiempos y los terrenos. La responsabilidad solo ha pesado como una losa en la suerte suprema donde el codo se ha quedado atrás. La última pincelada, emborrona el lienzo, una obra efímera que no tiene premio material. Aunque la verdadera recompensa ha sido el de descubrir a uno que quiere serlo.

 

El quinto, también muy bueno, ha servido para continuar la obra. La espada ha vuelto a jugar una mala pasada, pero el público cariñoso y agradecido con el novillero ha pedido con fuerza las dos orejas, un premio a una tarde casi redonda.

 

Lama de Góngora, bien pero… quizá muy técnico, un poco despegado; enrazado sí, pero demasiado mecánico todo. Los del Torreón se le pararon y el arrimón fue de tragar saliva. Mal con la espada y uno de los líderes de los novilleros pasó muy desapercibido en Valladolid. José Ruiz, muy pinturero y con personalidad y gusto, pero también acelerado y desbordado, especialmente en el último, donde la espada le hizo pasar un calvario. Con estas premisas, y con una buena novillada del maestro de Colombia, Ricardo se erigió en auténtico protagonista. Y recuerden, Maldonado ya no es el apellido del hombre del tiempo. Si no hay inclemencias estaremos ante un torero. El tiempo (como periodo y no como fenómeno metereológico) nos dará la razón.