Malala recibe el Nobel de la Paz con un alegato contra el matrimonio concertado y a favor de la educación

Malala y Satyarthi posan con sus respectivos premios Nobel

La joven paquistaní Malala Yousafzai ha recibido en Oslo el Premio Nobel de la Paz con un alegato en defensa del derecho a la educación de los niños y en contra de los abusos que sufren los menores, especialmente el trabajo infantil y los matrimonios concertados.

Ataviada con un pañuelo, Malala, que sobrevivió tras resultar gravemente herida en un ataque de los talibán cuando volvía de la escuela, ha manifestado su agradecimiento a su padre por no cortarle "las alas" y por haberle dejado "volar" y a su madre por haberle enseñado a "ser paciente" y a "decir siempre la verdad", "lo que es el verdadero mensaje del islam".

 

Tras ironizar con que es la primera ganadora del premio Nobel de la Paz que aún se pelea con sus hermanos, se ha declarado "muy orgullosa" por haberse convertido en "la primera pashtún" que recibe la distinción y ha dicho que es todo un orgullo compartir el galardón con el indio Kailash Satyarthi.

 

"Este premio no es solo para mí es para los niños olvidados, para los niños asustados que quieren la paz. Para los que no tienen voz pero quieren un cambio... Estoy aquí para defender sus derechos y que su voz sea escuchada", ha asegurado Malala. "No es hora de sentir pena, es hora de pasar a la acción", ha proclamado, para después hacer hincapié en que espera que esta sea "la última vez que vemos a un niño al que se le niega el derecho a la educación".

 

Malala ha asegurado que solo es "una persona comprometida" y "tenaz" que quiere que "todos los niños reciban una educación" y que la mujer tenga los mismos derechos "en todos los rincones del mundo".

 

La joven paquistaní ha recordado que en su lugar de origen, el valle del Swat, en Pakistán, los talibán han destrozado "más de 400 escuelas" y han intentado convertir los "sueños" de los niños en auténticas "pesadillas" y han conseguido que la educación pase de ser "un derecho" a casi "un delito". Cuando su mundo cambió, ella decidió "alzar la voz" para intentar cambiar las cosas porque el mundo no se puede quedar "con los brazos cruzados" ante las "injusticias" perpetradas por los terroristas.

 

En este sentido, ha subrayado que los talibán no han aprendido que el Corán dice claramente que "si matas a una persona" matas a "la humanidad" y que, desde el día en que atacaron su vehículo, su voz y la de sus compañeros "son cada vez más altas".

 

"MI HISTORIA ES LA DE MUCHAS NIÑAS"

 

"Cuento mi historia no porque sea única sino porque no lo es. Es la historia de muchas niñas", ha afirmado Malala, antes de explicar que destinará la dotación económica del Nobel de la Paz a la fundación que lleva su nombre para construir escuelas en Pakistán.

 

La joven paquistaní, de 17 años de edad, ha asegurado ante el Comité Nobel que ella representa la voz de "los 66 millones de niñas" a las que en todo el mundo se les niega el derecho a la educación y ha lamentado el hecho de que sea más fácil dar armas a los niños que entregarles libros. "Voy a continuar esta lucha hasta que vea a todos los niños en el colegio", ha asegurado.

 

"Espero que esta sea la última vez que tengamos que luchar por la educación", ha afirmado, antes de explicar que se han dado "muchos pasos" a favor de los niños pero la comunidad internacional debe "pasar a la acción" y "dar un salto" para ayudarles.

 

Malala ha pedido que los líderes mundiales defiendan la necesidad de que todos los niños tengan una educación básica y secundaria, al igual que hacen con sus propios hijos. "Es hora de que el mundo piense a lo grande", ha indicado. "Vivimos en la era moderna. Creemos que nada es imposible. En este siglo XXI, tenemos que ser capaces de dar educación de calidad a todos los niños. Tenemos que trabajar y no esperar", ha recalcado.

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