Luis Navarro: "Salvar el Hospital Simón Ruiz no es problema de dinero sino de inteligencia"

El aruqitecto vallisoletano ensalza la singularidad del edificio de Medina del Campo, del que asegura que "lo dice todo sobre la antigüedad desde la medida del espacio y del tiempo"

El arquitecto vallisoletano Luis Navarro García sostiene que salvar del estado de ruina el Hospital de Simón Ruiz de Medina del Campo (Valladolid) "no es problema de dinero sino de inteligencia", consistente en hallar un uso adecuado a unas instalaciones que ha definido como singulares y que, tal y como resalta, "lo dicen todo sobre la antigüedad desde la medida del espacio y del tiempo".

  

Desde su profundo conocimiento del inmueble, plasmado en 1996 en una tesis doctoral, la primera leída adscrita al Departamento de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de Valladolid que dos años después dio lugar al libro 'El Hospital General de Simón Ruiz de Medina del Campo, editado por la Consejería de Cultura, Navarro García sigue hoy, con consternación, desde su destino laboral en Salamanca el abandono de un edificio con unos valores arquitectónicos "poco comunes".

  

El arquitecto, en declaraciones a Europa Press, incide en que el edificio, del siglo XVI y construido en tres años bajo la dirección de los carpinteros segovianos Antón y Andrés López, "ya es capaz de formular la arquitectura en términos casi modernos pero está solucionado con la acumulación de todo el saber de la antigüedad", en referencia a que una de sus principales singularidades es que en el hospital confluyen hasta cinco sistemas de medir universales, desde el palmicodo hebreo sagrado y la vara castellana hasta el pie romano, la medida árabe de los Omeyas y finalmente, "por accidente", el sistema métrico.

  

Pero además, entre las características que convierten en único este edificio, cuyo estado de ruina ha llevado a la Fiscalía de Valladolid a abrir una investigación penal e incluso ha movilizado a ciudadanos de la villa, dispuestos a acometer ellos mismos la rehabilitación de la ermita anexa de San Diego de Alcalá, figura igualmente el hecho de que está ejecutado en su totalidad con fábricas de ladrillo aparejado, sin piedra ni relleno, de arriba abajo, "y eso le convierte en un inmueble eterno".

 

"OPORTUNIDAD"

  

Por ello, el experto se muestra optimista sobre el futuro del hospital impulsado por Simón Ruiz, banquero de Felipe II, tras insistir en que su salvación no es cuestión de dinero sino de "inteligencia", es decir, de "que alguien esté pendiente y tenga sentido de oportunidad para que cuando surja una necesidad de espacio salte la chispa y se encaje un posible uso en estas instalaciones" de 5.000 metros cuadrados construidos.

  

"Soy optimista con este edificio porque va a lucir toda su musculatura", declara Navarro, quien precisa que el "corazón" del hospital son unos 300 metros de galerías de enfermos distribuidas en dos plantas y dos salas, hoy escasamente iluminadas y ventiladas, a las que se podría dar un uso "bonito", aunque también reconoce que no es una tarea fácil.

  

Una de las primeras premisas pasaría por que el Ayuntamiento de Medina del Campo, dirigido por la socialista Teresa López, a su vez presidenta del Patronato de la Fundación Simón Ruiz, adquiera por un precio simbólico el inmueble para que pueda "tirar de él" y evite que el mismo, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Monumento, pueda perder tal condición.

   "Este edificio está en la lista negra para ser privado de esa categoría, al igual de lo que le ocurre a la Casa Blanca, también en Medina del Campo, del siglo XVI igualmente y construida por el banquero Rodrigo Dueñas", sostiene el arquitecto, quien considera inconcebible esta situación. "Tenemos dos ejemplos de arquitectura civil del siglo XVI de primer rango que no hay en ningún sitio y que hoy están bailando mucho en la cuerda floja", critica Navarro.

   De hecho, en el caso del Simón Ruiz el arquitecto se muestra crítico con respecto al trato recibido pues, como así ha denunciado públicamente, "lleva casi veinte años con una obra de reparación de cubiertas, en carne viva con una herida abierta. ¡A qué edificio se le hace una cosa así, qué castigo es este, cuando el decoro urbano es una obligación que está en las leyes desde la época de Vitruvio. Ellos sabrán lo que hacen!", concluye.