Los mediáticos forman un lío en Íscar ante un noble encierro de Sánchez Arjona

Padilla y El Cordobés salen a hombros tras cortar dos orejas por coleta y Diego Silveti se tiene que conformar con un solo trofeo.

La entrada al coso cubierto de Iscar mejoró un poco (más de media) con los mediáticos y estos dieron fiesta a un público entregado sin condición; bueno sólo una: que toreen para el graderío. Ello les valió ser paseados a hombros en olor de multitudes.

 

Y así lo hizo Manolo Díaz El Cordobés en su flojo primero que lo supo mantener en pie en una faena aseada sin más, donde el madrileño intentó hacer el toreo fundamental pero aquello no calaba en el tendido.

 

Tuvo que irse por los derroteros del populismo para que la cosa se calentara y el graderío corease su nombre mientras que Díaz les daba fiesta con sus saltos y guiños a sus fans. Una buena y fulminante estocada arriba fueron determinantes para que el palco, presidido por una aficionada, le concediera las dos orejas tras una petición unánime.

 

Con el marmolillo cuarto lo intentó con ambas manos, pero sin emoción, hasta que sacó de nuevo el repertorio particular y la plaza estalló. La espada esta vez no funcionó y la cosa se quedó en silencio.

 

Padilla estuvo muy decidido toda la tarde con faenas variadas y efectistas y en los tres tercios.

 

En Iscar sumó un gran número de seguidores que enarbolaban la clásica banderola pirata. Con los rehiletes puso al público en pie y con la franela mejor con el quinto, excelente ejemplar de Sánchez Arjona que fue nobilísimo y con fondo, Padilla divirtió al tendido enroscándose continuamente al buen animal.

 

La estocada atravesada hizo tardar en doblar al buen toro y Padilla tuvo que utilizar la cruceta en varias ocasiones; ello no fue óbice para que el público, entregado al jerezano, le pidiese con fuerza las dos orejas a lo que el palco accedió.

 

A su primero, un toro que tuvo muchos pies de salida, lo recibió de hinojos tras parear de forma vertiginosa. El toro se fue apagando y a la hora de la suerte suprema todo se diluyó con resultado de silencio tras aviso.

 

A Diego Silveti le tocó en suerte un rajado tercero que se fue a tablas de salida sin querer saber nada de capotes, aunque en la muleta tuvo buen son por el pitón derecho. Pero el mexicano falló a espadas con estrépito. Silencio tras aviso.

 

Con el que cerraba plaza, un burraco gargantillo precioso de hechuras, pero mansito y sin pujanza, el diestro dinástico mostró su torería cuando el animal se lo permitió. Media en el sitio tras pinchar permitieron obtener un trofeo que paseó con un capote sobre los hombros.

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