Los hosteleros de la Antigua Hípica dicen que han perdido dinero en la Fiesta de la Moto

Gran parte de mercancía se quedó sin vender en la Antigua Hípica durante la Fiesta de la Moto. A.MINGUEZA

Aseguran que se les prometió que “iban a ir por lo menos 12.000 personas” durante el fin de semana y finalmente no acudieron “ni 2.000”.

Una apuesta algo arriesgada y que salió rana. En parte, precisamente, por la cantidad de agua que ha caído. Los hosteleros que situaron sus casetas en la zona de la Antigua Hípica de Valladolid, justo enfrente del colegio Ave María y donde se celebró el grueso de actividades de la Fiesta de la Moto, aseguran haber tenido pérdidas durante estos días en los que se ha celebrado el evento. “Nos dijeron que iban a pasar al menos 12.000 personas por aquí y no han pasado ni 2.000”, aseguran los hosteleros que se encargaron de montar la carpa frente al escenario, la cual hizo las veces de barra de bar para los moteros.

 

El gran problema según estos empresarios tuvo que ver con la meteorología, y es que la lluvia hizo que mucha gente decidiera no acercarse a la Antigua Hípica. Tanto durante el viernes, cuando más agua cayó, como sábado y domingo los cielos estuvieron nublados y no dieron tregua a la gente, que en muchos casos optó por no acercarse a la zona. Algo que acabaron pagando los hosteleros.

 

“Lo que no se puede es cobrar tampoco la entrada a doce euros, porque a ese precio la gente no se va a acercar”, insisten aquellos que invirtieron un dinero que, aseguran, no solo han dejado de ganar sino que han perdido. Efectivamente las botellas de Coca Cola, Fanta y diferentes botellas de alcohol volvían a ser cargadas este lunes en los mismos camiones que las habían traído.

 

El pan que no vendieron los hosteleros en la Antigua Hípica, por los suelos. A.M.

 

La molestia fue a más cuando se les comentó que el presidente de la Asociación de Hosteleros de Valladolid, Jaime Fernández, había tildado la concentración de exitosa. “Nosotros desde luego solo tenemos pérdidas”, aseguran, antes de denunciar que las instalaciones además no eran las más adecuadas, ya que su carpa acabó inundada tras las lluvias.

 

Tampoco se les dio bien el fin de semana a aquellos que vendieron comida. Con barras de pan tiradas por el suelo y con mucho material que se quedó a las puertas, dejan ver que se les había prometido una clientela que al final no apareció, aunque asumen que era una apuesta que ellos asumían. “A mí nadie me ha obligado a venir aquí”, asegura una hostelera de tantos que se desplazaron a la Antigua Hípica. Desde luego, si algo queda claro es que nunca llueve a gusto de todos.

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