Los chabolistas de las instalaciones de Ebro en Valladolid vivían en condiciones infrahumanas

Este lunes arrancaron unos derribos que supondrán cuatro meses de trabajos y cerca de 167.000 euros de inversión, además del fin de uno de los últimos reductos de chabolas en la ciudad.

“Han dejado todo lleno completamente de basura, vivían en una situación deplorable”. Las declaraciones de uno de los operarios de Toyrsa, la empresa encargada de los derribos de las instalaciones Ebro-Puleva que comenzaron este lunes por ordenanza del Ayuntamiento de Valladolid, se pueden decir más altas, pero no pueden ser más claras. Las familias, lo menos diez, que residían en varias chabolas lo hacían entre desperdicios, con montones de plástico, botellas, comida y hasta de sus propios excrementos por el suelo.

 

“Se puede entender que se busquen un hogar, pero si yo tengo que vivir en la calle no me dedicaría a llenar de basura el lugar donde luego voy a estar. ¡Si hasta debían comer en el mismo sitio donde luego hacían sus necesidades!”, exclama el trabajador, sorprendido. La última de estas familias desalojó las instalaciones de Ebro, junto a la Antigua Azucarera en el Camino de la Esperanza, este mismo lunes, horas antes de que se iniciaran los derribos.

 

Mientras una excavadora ya se encarga de los primeros derribos de las instalaciones de menor tamaño, tales como las oficinas, un camión se encarga de ir procesando los escombros y los restos del edificio. Pero hay otro problema mayor al que han tenido que enfrentarse los operarios; la ingente cantidad de basura.

 

“Lo peor son los kilos y kilos de desperdicios que hay por el suelo y por todas partes. Sorprende ver que alguien pudiera vivir así”, continúa el encargado de la operación, que también se ha encontrado con otro inconveniente. “Las chabolas tienen algunas planchas de uralita y se trata de un material que nosotros no podemos manipular. Tendrán que venir unos técnicos a por ellas”. Por tanto, se encuentran realizando “lo que pueden” de unos trabajos que durarán, por lo menos, cuatro meses.

 

Por si fuera poco, el hormigón que vayan retirando de los edificios con la mencionada excavadora debe ‘reciclarse’ para rellenar aquellos espacios del suelo y que de esta manera quede liso. “Se pasa por la hormigonera, queda como gravilla y se usa de nuevo”, confirma el encargado. Los metales en forma de hierro o aluminio también deben desmontarse para otro uso posterior.

 

¿Pero a dónde han ido estas personas después de dejar el que ha sido su hogar durante años? El Ayuntamiento de Valladolid ha tratado de ponerse en contacto con ellas, pero no han querido obtener ayuda.