Lauki en Valladolid: crónica de una muerte anunciada... (el 10 de marzo)

Imagen de una manifestación de Lauki en la Plaza Mayor de Valladolid. A. MINGUEZA

Lactalis cierra este 30 de septiembre su planta de Valladolid. Es la crónica de una muerte anunciada que comenzó el 10 de marzo. Este es el calvario por el que han pasado sus trabajadores.

El cierre de la histórica factoría de Lauki en Valladolid, perteneciente al grupo Lactalis, ha sido la crónica de una muerte anunciada, desde que a principios de marzo se conociera la decisión de la multinacional. Desde entonces, de poco han servido la lucha de los 85 trabajadores por no perder el empleo, los esfuerzos de la Fundación Anclaje y todos los movimientos políticos que se han producido a distintos niveles. El resultado: el cierre de la planta este viernes 30 de septiembre, aunque aún se mantiene la esperanza de que Lactalis puedan vender la planta y Valladolid no pierda actividad industrial.

 

EL ANUNCIO DEL CIERRE

El pasado 10 de marzo la compañía Industrias Lácteas Vallisoletanas, controlada por la multinacional Lactalis, anunciaba por sorpresa el cierre de la planta de Valladolid, y argumentaba el descenso de las ventas de la marca Lauki y el estancamiento de la demanda de leche pasteurizada.


 

FIN A SEIS DÉCADAS DE HISTORIA EN VALLADOLID

La planta de Valladolid se fundó en 1954 por un grupo de ganaderos. Surgía así Central Lechera Vallisoletana, que en la década de 1960 fue gestionada por Industrias Lácteas Madrileñas. En 1989, Lauki era controlada por el grupo galo Sodiber y en 2004 pasaba al grupo Lactalis, que es el que finalmente ha decidido su cierre en 2016.


 

PRÓRROGA HASTA SEPTIEMBRE Y PLAN SOCIAL

Nada más conocer la noticia, las organizaciones sindicales y el comité de empresa se ponían manos a la obra y conseguían retrasar el cierre hasta el 30 de septiembre y la empresa prometía un plazo de cuatro meses para la venta de la factoría. En junio, más del 90 por ciento de los trabajadores aprobaban el Plan Social que incluía un plan de recolocaciones y el compromiso de Lactalis de buscar un comprador para Lauki, aunque su condición es que no fuera competencia. Incluso el presidente de la Junta de Catsilla y León, Juan Vicente Herrera, viajaba a París para reunirse con los dirigentes de la compañía.


 

MOVILIZACIONES Y ENGAÑOS

Durante todos estos meses se han sucedido movilizaciones prácticamente todas las semanas a la puerta de la factoría y otras en las Cortes de Castilla y León, en la campa de Villalar el Día de la Comunidad y en la propia Plaza Mayor de Valladolid. Todo el arco político mostraba su apoyo a los trabajadores y la Fundación Anclaje se reunía en varias ocasiones para intentar buscar una solución. El alcalde de Valladolid, Óscar Puente, decía que el cierre no le saldría “gratis” y los sindicatos acusaban a Lactalis de hacer teatro y de no querer vender la factoría ante el interés mostrado por algunas empresas. Su precio desorbitado, que ronda los seis millones de euros, ha provocado la falta de acuerdos.


 

RECOLOCACIONES E INDEMINIZACIONES

Lactalis se negó a mediados del mes de septiembre a la prórroga de tres meses que las Cortes de Castilla y León y los trabajadores pidieron a la multinacional, con el objeto de facilitar la venta. De los 85 trabajadores, 55 han aceptado recolocaciones en otras factorías de España como Lugo, Peñafiel, Zamora, Granada y Guadalajara, 19 se han acogido a las indemnizaciones y otros once se prejubilarán.


 

CIERRE PAULATINO Y ESPERANZAS DE VENTAS

Aunque desde hace varios días, la fábrica apenas recibe leche de los ganaderos y está bajo mínimos, la consejera de Agricultura, Milagros Marcos, dice que el cierre será “paulatino” y podría “derivar” hasta el mes de diciembre. Asimismo la consejera no pierde la esperanza en que aún la planta pueda encontrar comprador. Los trabajadores han sido citados el próximo 3 de octubre para recibir su carta de despido, traslado o prejubilación. Es la crónica de una muerte anuncia. La de Lauki, en Valladolid.