Las siete vidas del CB Valladolid

La dimisión de Mike Hansen abre una etapa de incertidumbre en el Club Baloncesto Valladolid. Aún así, le peor de los remedios es continuar en la Liga ACB como única salida para una entidad que parece tener siete vidas.

No hay que extrañarse. La etapa de Mike Hansen estaba acabada antes de asumir la presidencia. Solo con el movimiento de llevar a su lado a Javier Baró como principal directivo de su proyecto tumbó buena parte de sus posibilidades de éxito. De hecho, frenó su aterrizaje y generó unas dudas que solo se salvaron por aquello de que era necesario "tirar para adelante". Es más, si durante ese periodo de incertidumbre hubiera planteado su salida, la respuesta habría llegado en forma de puente de plata. Casi como ahora, cuando lanzó un órdago que él sabía imposible hacia el Ayuntamiento para justificar su marcha.

 

No son buenos tiempos para el deporte profesional. La crisis ha limitado la aparición de patrocinadores y las instituciones demasiado tienen con mantener lo suyo. Pero claro, en este caso el Ayuntamiento de Valladolid tutela el club a través de la Fundación Baloncesto Valladolid donde cuenta con dos patronos y asume un peso que en su día resultó fundamental asumir para salvar el club de su segura desaparición.

 

Ahora bien, con estos pretextos no puede encomendarse la salvación con la mirada puesta en el Ayuntamiento. Lo más coherente que hemos escuchado de Hansen en este tiempo, quizá lo único, es que había que perder la dependencia del Ayuntamiento de manera progresiva. Pero no es tan sencillo ni, por supuesto, a corto plazo. 

 

Desde el Ayuntamiento solo piden a los gestores del club, los que sean, capacidad para responder al presupuesto. Es decir, no gastar ni un céntimo más de aquello de lo que está garantizado. En números redondos, entre derechos de ACB, patrocinadores diversos, taquillas, abonos y subvenciones públicas, cerca del millón de euros. El resto, incluida la deuda que tanto asustaba a Hansen, se trataría de arreglar de puertas para adentro con una serie de gestiones que el Ayuntamiento sí está dispuesto a asumir, pero nunca a presentarse en condición de avalista como era el deseo del ex presidente.

 

Hansen dio ayer un mensaje retorcido. No mintió, pero sí manejó los números en busca de titulares exculpatorios. La deuda del club asciende a 7 millones de euros, pero 4,5 están incluidos dentro del acuerdo del concurso de acreedores. Desde el Ayuntamiento se seguían sus pasos y declaraciones cada día con mayor asombro y conocían sus intenciones de dar un paso hacia otro lado porque llevaba tiempo amenazando con su adiós. Ese ultimátum fue el episodio esperpéntico de una gestión que no ha existido. En todo este tiempo los movimientos han sido más bien escasos y la única gestión seria para asegurar la participación del equipo en la ACB ha venido de manos de la Fundación. El reconocimiento público de este esfuerzo por parte del alcalde fue la puntilla para Hansen y su equipo.

 

Eso sí, lo que no puede permitirse el club, como mantenía Mike Hansen, es que los trabajadores administrativos, apenas cinco, acumulen nueve o diez meses sin cobrar. De una parte de ello también se le puede señalar a Hansen, que no ha sido capaz de generar el dinero suficiente para asumir varias de esas nóminas pendientes, dos de ellas bajo su presidencia. No obstante, esa deuda es ahora la mayor urgencia.

 

Ahhora llega de nuevo el turno de la Fundación, tal y como ocurriera cuando se fugó José Luis de Paz. Quizá haya que pensar en profesionalizar la gestión porque sus patronos tienen otras obligaciones profesionales además del baloncesto. No obstante, se ha optado por la cuestión menos traumática asumiendo que la única solución es salir a jugar en la ACB de la manera más decorosa posible. Este formato actual que imita a una competición cerrada ofrece más garantías de supervivencia deportiva. ¿Cómo se hará? Esa es una cuestión que ya está en manos de los patronos pero desde luego seguro que el mensaje será menos catastrofista que el enarbolado por Hansen. Él dice que era realista y que sus valores no le permiten prometer algo que no puede cumplir. En la trastienda de estos dos meses hay muchos matices que ponen en duda eso.

 

 

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