Las mascotas también van a misa de doce

Cerca de sesenta animales de compañía se dieron cita este viernes en la Iglesia de El Salvador para recibir la bendición con motivo de la festividad de San Antón.

“A Dios también le gustan los ladridos, así que sed bienvenidos”. No, no es que el sacerdote José Heras, de la céntrica iglesia vallisoletana del Santísimo Salvador, se haya vuelto loco. Este viernes, 17 de enero, se celebra como todos los años la festividad de San Antonio Abad, o San Antón, como ustedes lo prefieran, el patrón de los animales.

 

No había más que echar un vistazo a la puerta de la iglesia poco antes de las doce de la mañana para comprobar que no iba a ser un oficio normal. Unos sesenta animales, la mayoría, de especie canina, fueron desfilando al interior del edificio para escuchar las palabras del Padre Heras.

 

La imagen era, cuanto menos, pintoresca. Canela, Perla, Chispa, Linda, Liuva... O para que se entienda, un yorkshire, un caniche, un maltés, un cocker y un gran dogo alemán que, como explica su dueño Luis Borboya, “mide algo más de dos metros de pie”, todos entre los bancos de la iglesia.

 

Pero los que peor lo pasaban eran Pancho, Sultán y Chiqui, los tres únicos gatos que, entre docenas de perros, se encontraban en territorio hostil. “Pancho normalmente es tranquilísimo, pero no está acostumbrado a salir de casa. Es la primera vez que venimos”, explica la dueña del temeroso felino.

 

Mientras el sacerdote seguía con el acto, los animales parecían estar en sintonía con él. Algún ladrido ocasional, casi como para demostrar que estaban de acuerdo con lo que el Padre decía. Sobra decir que la homilía estuvo trufada de referencias a estos pequeños –o grandes- acompañantes, como la de la ballena de Jonás o la serpiente de Adán y Eva.

 

 

“Lo cierto es que ha sido una celebración curiosa, pero se han integrado muy bien. No distraían los ladridos”, decía José Heras después. “Me preocupa más que la gente esté atenta a lo que digo, y es que a veces parece que hay que estar más pendiente de que no sean las personas las que se muerdan entre sí”. Humor felino el del sacerdote.

 

Una vez concluida la misa, era el momento de los ‘hisopazos’, la mejor manera para llamar a las bendiciones con agua bendita que recibían las mascotas con una rama para tener un buen año. Al mogollón a la puerta del santo lugar, todos fueron recibiendo las gotas que les auguran pasar de forma feliz el 2014, unos con mejor recibimiento que otros. Ya pueden seguir siendo los reyes de la casa hasta el próximo 17 de enero.