La victoria de mayor mérito del Club Baloncesto Valladolid

Después de una semana convulsa, el equipo dio un paso adelante. En realidad, el partido lo empezó a ganar Ricard Casas cuando demostró su apuesta por el grupo ante actitudes personalistas y poco profesionales.

81 - CB VALLADOLID (23+16+19+23): Haritopoulos (14), Vasilopoulos(4), Suka-Umu (8), Wright (5), Vilhjalmsson (13) -cinco inicial-, Andjusic (15), Sinanovic (2), Iván Martínez (2) y Johnson (18).

 

68 - CAJASOL (21+ 14+20+13): Bamforth (26), Satoransky (13), Williams (9), Hernán Gómez (8), Mata (-) -cinco inicial-, Franch (4), Balvin (2), Sastre (3), Porzingis (2) y Burjanadze (1).

 

Parciales: 23-21, 16-14, 19-20 y 23-13.

 

Árbitros: Vicente Bultó, Lluís Girao y Fernández Sánchez. No hubo exclusiones.

 

Incidencias: Partido correspondiente a la tercera jornada de la Liga Endesa disputado en el polideportivo Pisuerga de Valladolid ante unos 2.600 espectadores.

Ricard Casas sabía lo que se jugaba al fichar por un desnortado Club Baloncesto Valladolid. Pero, lejos de refugiarse en la comodidad de esperar los primeros cortes o aceptar un nuevo proyecto en la LEB, al técnico catalán le apasionaba la idea de reflotar un barco sin rumbo.

 

La primera victoria del Club Baloncesto Valladolid en esta Liga ACB tiene un mérito doble. Supone colocar el casillero con un 1-2 en el apartado de victorias-derrotas idéntico al de la pasada temporada a estas alturas. Pero, sobre todo, es un canto al trabajo de grupo en un equipo que sigue de pretemporada pero compitiendo por ganarse un respeto.

 

Casas recibió ayer el apoyo de sus jugadores. Táctico y demostrado. La actitud defensiva del equipo empezaba en el banquillo, cuando su técnico, perfecto en la dirección, se desgañitaba pidiendo "más, más" en la presión de Suka o Vilhjalmsson a los jugadores exteriores del Cajasol. El entrenador demostró esta semana que el grupo está por encima; la salida de Porta y la marcha de Luter Head son la mejor demostración de jugarse la baza grupal y la respuesta del resto fue contundente. Y ayer se metió al público en el bolsillo.

 

Ganar supone toda una carta de presentación. El Valladolid tiene muchas carencias. Como club sigue nadando en el desastre, pero haber arrancado es un logro. Por eso se pueden pasar por alto cuestiones que deben mejorar ya: la organización de las puertas dejó a medio pabellón fuera en los primeros minutos porque los controles de acceso eran totalmente insuficientes. Daba lástima ver a los directivos de puerta en puerta presenciando las interminables colas que se mantenían con el balón en juego. Las equipaciones del equipo, huérfanas de sponsor, lucían un pegote promocional del Ayuntamiento... El ambiente desangelado del polideportivo hizo el resto, aunque el equipo calentó a los poco más de 2.600 espectadores que no dieron la espalda al equipo. Quizá todo esto necesite algo más de tiempo para solucionarlo.

 

Pero esas carencias se suplieron en la cancha. Primero con entrega; después con una actitud encomiable de todos los jugadores, cada uno en su papel. Apunten nombres de este equipo que pueden convertirse en revelaciones: Omari Johnson, Danilo Andjusic, Suka Umu, Vilhjalmsson, Haritopoulos... Daría para más porque hasta el propio Iván Martínez tuvo un protagonismo significativo en minutos de verdad y el bloque estuvo siempre por encima de esas cuestiones que Casas se encargó de fumigar durante la semana. 

 

La victoria insufla tranquilidad y aporta respeto. Ahora llega Solomon para completar una plantilla baratísima, justita de calidad pero sobrada de compromiso. Si Ricard Casas es capaz de sumar a Vasilopoulos con mayor presencia, el salto del equipo con la llegada de Andusic y Solomon puede aportarle ese equilibrio esencial para que nadie mire hacia Valladolid como si aquí residiera el apestado de la ACB.

Noticias relacionadas