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Cartel definitivo iberian file

La vallisoletana Lucía Miranda y la compañía Cross Border llevan a Madrid la obra 'Perdidos en Nunca Jamás'

La compañía teatral Cross Border, dirigida por la vallisoletana Lucía Miranda, representará en el Centro de Nuevos Creadores (CNC) Sala Mirador de Madrid la obra 'Perdidos en Nunca Jamás', que se estrenó en Valladolid y Murcia el pasado mes de abril.

La última producción de la compañía llegará a la sala madrileña, cuya programación corre a cargo del actor Juan Diego Botto, para mostrar la adaptación del Clásico de James M. Barrie al problema actual de la falta de empleo para los jóvenes españoles.

 

'Perdidos en Nunca Jamás' es una obra destinada a un público adulto, que plantea la situación de los jóvenes de en su lucha por crecer "personal y profesionalmente" en España, al que se denomina "el país de nunca jamás trabajarás en lo que estudiaste".

 

La dramaturgia está elaborada por Silvia Herreros de Tejada, en una pieza que aúna teatro, danza, poesía, música en directo, e incluso grabaciones de padres de jóvenes que narran sus reflexiones sobre la situación que atraviesan sus hijos actualmente. Todo ello en una escenografía realizada con materiales reciclados por el colectivo Basurama.

 

Tras 'De Fuenteovejuna Ciudad Juárez', Cross Border y Lucía Miranda proponen un montaje que se hace eco de la problemática laboral actual, y sobre todo a su incidencia en las mujeres, a las que consideran que afecta "con más dureza".

 

"Intento desesperadamente hacerme mayor, pero no puedo," decía James M. Barrie, como ha recordado el comunicado, en el que se recalca que el personaje de Peter Pan en esta obra "ya no cree en las hadas y es un ni-ni". Mientras tanto, Wendy, a sus 30 años ha tenido que volver a casa de sus padres, era periodista "y ahora no sabe lo que es".

 

La obra narra la historia de una joven periodista que, tras varias experiencias profesionales y quedar en el paro, se ve obligada a regresar a casa de sus padres. Allí vuelve a recibir, como en su adolescencia, las visitas de su amigo Peter, que la lleva al bar de los Niños Perdidos, donde los jóvenes se emborrachan junto a Garfio como antídoto a la falta de oportunidades e ironizan sobre las condiciones del mercado laboral.

 

A partir de ahí, se plantea  una disyuntiva entre permanecer en el País de Nunca Jamás, o volar hacia otro lugar en el que poder desarrollar sus carreras.