La triquiñuela de Rubi y Timor para 'limpiarse' de tarjetas amarillas

David Timor, en un partido anterior. TRIBUNA

El jugador, lesionado antes del partido, entró de manera sorprendente en la convocatoria y tiró un balón al campo desde el banquillo para que el árbitro le amonestara y cumplir ciclo.

El fútbol es para pillos, dice el refranero deportivo popular. Bien lo saben Timor, Rubi y su cuerpo técnico. Fueron muchos los que levantaron la ceja extrañados al comprobar que, antes de que diera comienza el choque entre Real Valladolid y Leganés, Timor entraba en la lista de convocados y ocupaba uno de los siete puestos del banquillo. ¿Pero no estaba lesionado? ¿Su maltrecho tobillo no le iba a dejar KO ante Leganés y Recreativo? Pues sí, pero era el momento de iniciar un pequeño jueguecito.

 

La intención estaba clara. Cuando el jugador valenciano pueda volver a vestirse de corto, en la jornada 38 frente a Osasuna, quedarán pocos encuentros para que termine la competición, y nueve amarillas en su haber le dejaban en una situación muy delicada. Estaba fácil. Que entre en la convocatoria, fuerce la décima amarilla sabiendo que la semana que viene tampoco estará en el Colombino frente al Recreativo de Huelva y 'limpieza' completada. Dicho y hecho.

 

Era el minuto 92 de partido cuando un inocente balón caía al césped. Por motivos desconocidos, Timor lo había arrojado de manera intencionada al terreno de juego. "¿Ah, sí? Pues te vas a enterar", debió pensar el árbitro Muñoz Mayordomo. Tarjeta amarilla, la décima. La misión había concluido satisfactoriamente y aquellos que no entendían la entrada del centrocampista en la convocatoria empezaban a atar cabos.

 

"Tendré que hablar con Timor sobre lo de su amarilla, porque no era algo que tuviéramos hablado", comentó Rubi en la rueda de prensa de después del partido. Y es que no conviene reconocer nada de manera abierta, no vaya a haber problemas, claro.