La Rondilla se mantiene como el barrio inmigrante por excelencia de Valladolid

El pequeño término ha vivido una evolución histórica que en la actualidad le lleva a contar con un 7’64% de población inmigrante frente al 5’54% del resto de la ciudad.

¿Se lo imaginan? Un lugar donde varias culturas de diferentes países convivan día tras día, de manera habitual, de modo que toda la riqueza de las tradiciones y las costumbres se vuelva un bonito batiburrillo común. Pues en Valladolid existe, en cierto modo. La Rondilla continúa siendo el barrio por excelencia en cuanto a inmigrantes se refiere, no hay más mirar los datos para comprobarlo.

 

Como muestra, un botón. A día de 1 de enero de 2015, último registro municipal efectuado, Valladolid cuenta con un porcentaje del 5’54% de población extranjera entre sus ciudadanos. ¿Y Rondilla? Nada más y nada menos que un 7’64%, un incremento de más de un 2% que, hablando en cifras brutas de población, dicta que 1.311 extranjeros están censados en el céntrico barrio.

 

“La Rondilla siempre se ha caracterizado por ello”, asegura Maribel Merino, de la Fundación Vecinal del barrio. “Aunque la población que siempre ha estado más presente han sido los búlgaros, marroquíes, ecuatorianos y colombianos”. Efectivamente, el dibujo internacional es un rico tapiz cultural gracias a la nacionalidad de todos los continentes del mundo.

 

“Hemos visto una integración real, aunque en los tres últimos años la realidad nos dice que hemos notado un descenso de inmigrantes en Rondilla”. Así es. Los números son concluyentes. Del total de 15.769 extranjeros que residen en la ciudad de Valladolid, con los 1.311 de Rondilla incluidos, 3.727 son americanos, cifra que hace apenas cinco años era de 7.615.

 

“Se ha notado muchísimo la marcha de sudamericanos, sobre todo ecuatorianos, por varias razones”, continúa Merino. “Se les acaba la tarjeta de empleo aquí y se ven obligados a regresar, donde además la cosa está mejorando y tienen más oportunidades que hace poco”. La nacionalización de muchos de ellos también es otro de los factores, según la de la Asociación Vecinal.

 

RICO TAPIZ CULTURAL

 

¿Y qué supone esto para la gente que vive en La Rondilla? “Es enriquecedor. El que veas una tienda en la que puedas encontrar bananas de la República Dominicana, o productos como especias que aquí no hay es enriquecedor en todos los sentidos”. Pero no se queda ahí la cosa. “También se ve en la convivencia habitual, como en los colegios o en la calle. Es una interculturalidad muy bonita”.

 

La población, además, lo ve como la oportunidad que es, según Merino. Una ocasión de expandir horizontes y conocer un poco más de cerca lo que ofrece el vecino que, en este caso, pasa por tu casa hasta volverse uno más dentro de ella. “Al principio, no sé si por el espíritu castellano, somos reacios, pero cuando la gente se conoce y llevas a la misma clase a tu niño que en la que está un niño marroquí, se ve que es lo más normal. Son personas como tú y como yo”.

 

Y esto, para el futuro cercano, es un no parar. “Siguen llegando de muchas partes, de Bangladesh, de India, del Congo... Llegan todos los días y los vemos por las calles de Valladolid”, concluye. Parece que la ciudad continúa expandiendo horizontes... y lo que le queda.