La Plaza Mayor de Valladolid se convierte en un reducto de música de los 80

Mario y José Luis, de 'Un Pingüino en mi ascensor', en la Plaza Mayor de Valladolid. JUAN POSTIGO
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'Un Pingüino en mi ascensor' y Jaime Terrón hicieron las delicias de los más nostálgicos de Valladolid con un tributo al pasado.

Si es usted un nostálgico musical empedernido y este viernes por la noche no estuvo en la Plaza Mayor de Valladolid, sepa que perdió la oportunidad de su vida. Ya lo decía José Luis, de 'Un Pingüino en mi ascensor', nada más comenzar su tributo a unos maravillosos años 80 frente al Ayuntamiento. "Todavía recuerdo la última vez que estuvimos aquí, hace ya 25 años". Mucho, mucho tiempo atrás.

 

Pero es que el humor gamberro y pícaro de este peculiar grupo no caduca. Con una sonrisa en la cara, los dos saltaron al escenario. Y es que eso es lo que pretenden cuando comienzan a cantar y a tocar. Ni más ni menos, que pasárselo bien. Como si tuvieran veinte años, como si siguieran siendo jóvenes.

 

Mientras sonaban los primeros éxitos como 'Juegas con mi corazón' o todo un clásico como 'El balneario', los primeros bailes y sonrisas empezaron a aflorar en el público presente. A fin de cuentas, entre canción y canción, José Luis se encargaba de transformar el concierto en un monólogo. "Me voy a quitar el chaqué...". Sí, porque iba con chaqué al más puro estilo pingüino. "La última vez un chaval me confundió con un mago". Risas del respetable, claro.

 

Poco a poco fue creándose un ambiente mágico, especial, entre las letras cargadas de recuerdos y el ambiente idóneo para una actuación al aire libre que se vivía en la Plaza Mayor. La noche avanzaba irremediablemente, igual que lo hacían otras como 'Un disco del Fary' o una novedad como 'No es el mejor momento para hacerse perrofaluta'.

 

Los más trasnochadores también vivieron de cerca la actuación de Jaime Terrón, el ex de Melocos, que quiso rememorar tiempos mejores (eso dicen del pasado) con algunas como 'Déjame', 'No puedo vivir sin ti' o 'El límite del bien'. Para entonces, la Plaza pidió una tregua. Y es que después de tantos años, también hay ganas de descansar para poder reponer fuerzas. Los años no pasan en balde.