La Piedad pone el broche de oro a un intenso Miércoles Santo de procesiones

Hasta seis desfiles penitenciales han tomado las calles de Valladolid. La Piedad ha incorporado dos conjuntos escultóricos a su procesión.

El Miércoles Santo en Valladolid es día de Encuentro. Es un día en el que la ciudad del Pisuerga se tiñe de morado para recibir a Nuestro Padre Jesús Nazareno, pero también para honrar a esa Madre, con su hijo muerto en sus brazos, que genialmente supo representar Gregorio Fernández. el Miércoles Santo es miércoles de procesiones en Valladolid.

 

Hasta seis desfiles penitenciales convierten las calles vallisoletanas en un rosario de arte y pasión. El Nazareno sale de su iglesia a las 20.30 horas dispuesto a recorrer su camino al Calvario. Emocionantes son sus dos encuentros con la Madre. Primero, con la Virgen de la Vera Cruz y más tarde, con la de las Angustias.

 

A esa misa hora en la que el Nazareno carga con su pesada cruz, otro Jesús reparte esperanza. Es la talla del Jesús de la Esperanza, en la procesión de Perdón y Esperanza, que sale a hombros de la iglesia de San Pedro.

 

Dos horas después, de la iglesia de Santiago partía la procesión del Santísimo Cristo de las Mercedes, y a esa misma hora, el apóstol San Pedro derramaba sus lágrimas al comprobar que había negado a su maestro, antes de que el gallo cantara tres veces. Se trata de la procesión del Arrepentimiento, en el que la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado, saca la talla atribuida a Pedro de Ávila Las lágrimas de San Pedro, que desfila hasta las iglesia de La Vera Cruz, Santa Isabel y al monasterio de San Quirce y Santa Julita, para ser recibida por las cofradías de la Santa Vera Cruz, Orden Franciscana Seglar y la Sagrada Pasión, respectivamente.

 

Las procesiones siguieron en la noche de este Miércoles Santo y al filo de la media noche partía de San Martín el desfile de la Piedad, con la imponente talla titular de la Virgen de la Quinta Angustia, que este año y como novedad iba precedida por dos pasos: el Cristo de la Humildad, conocido como de El Gallo -que volvía a procesionar- y el conjunto escultórico del Cristo de la Cruz camino a María.

 

El rosario de procesiones lo completó el cortejo de la Peregrinación del Consuelo, con el Santísimo Cristo del mismo nombre, obra de Gregorio Fernández, que salió de San Benito para completar las catorce estaciones del Vía Crucis. En el cuarto rezo, el crucificado se encontraba con su madre la Dolorosa, en la iglesia de la Vera Cruz.