La participación ciudadana, una cuestión de 'bisagras'

La puerta de acceso al salón donde se celebran los plenos de la Diputación de Salamanca.

Una puerta que abre hacia adentro y no hacia la salida es, al parecer, el mayor obstáculo para que los plenos de la Diputación acojan a los ciudadanos que quieran acudir. Vamos, una cuestión no ya de fontanería política, sino de carpintería...

Hace meses que los discursos oficiales hablan de la necesidad de incorporar mayor transparencia y participación al funcionamiento de la administración como un objetivo loable y al que hay que dedicar importantes esfuerzos. Plenos grabados, declaraciones de bienes e intereses en Internet, webs municipales más completas, sesudos cálculos y clasificaciones internacionales de transparencia... Todo eso está muy bien, pero a tenor de lo visto esta semana en la Diputación de Salamanca es mucho más sencillo: el problema es de bisagras.

 

Al menos, así lo plantea el grupo socialista, que ha denunciado que el auténtico problema del salón de plenos de la Diputación es que sus puertas abren en el sentido equivocado. Como sabrán, el lunes un grupo de vecinos no pudo presenciar el pleno porque, según la presidencia, no se podía superar el aforo máximo de 50 personas. A pesar de que había sitio y de que permitir la entrada de todos era cuestión de no ceñirse escrupulosamente a la norma, al final Javier Iglesias se mostró inflexible y los vecinos se quedaron si entrar. Igual también tuvo que ver el hecho de que no iban de visita, sino que venían de una de las zonas donde van a eliminar médicos rurales... pero eso son maledicencias.

 

Según el PSOE, el problema tiene una fácil solución, al menos, sobre el papel. Mantienen los socialistas que bastaría con que la puerta de acceso al salón de plenos abriera en dirección de evacuación, es decir, que sus hojas batieran hacia afuera cuando se quiera salir. Y esgrimen un informe del arquitecto de la Diputación que así lo explica.

 

Así que no hay más que cambiar las bisagras de dirección (una operación al alcance de cualquier técnico de mantenimiento que se precie) y, por unos pocos euros, levantar todo un monumento a la transparencia y la participación ciudadana. Solo con esto, se podría recalcular el aforo de la sala, suficientemente grande como para albergar a esas 50 personas y más sin que entrar o salir fuera un peligro para nadie.Y mucho menos para el presidente de la Diputación, tan escrupuloso con las medidas de seguridad. Si el espectáculo del desencuentro permanente entre PP y PSOE gusta o no es otro cantar.