La noche en la que Mayorga enciende la tradición y el sentimiento

La procesión del Vítor en Mayorga.

Los mayorganos quemarán más de medio millar de pellejos de vino en la noche de este domingo para recrodar la llegada de las reliquias de Santo Toribio el 27 de septiembre de 1752 en la procesión de El Vítor.

 

¿La mejor fiesta de España?

 

La promoción de El Vítor ha llegado al concurso de Antena 3 en el que la cadena televisiva busca la Mejor Fiesta de España. A través de las ha resultado la más votada por los castellanos y leoneses y ahora lucha por alzarse con el galardón a nivel nacional. Por el momento lleva más de 50.000 votos y se ha colocado en el quinto lugar del ranking por detrás de las fiestas del Día de la luz (Cáceres), La vaquilla del Angel (Teruel), Moros y Cristianos de Caudete (Albacete) y el Cascamorras de Baza y Guadix (Granada).

Viven todo un largo año esperando una noche. Anhelan en cualquier día de cualquier mes el 27 de septiembre. Sueñan con sentir sobre su piel las acartonadas vestiduras guardadas en arcones tan solo para ese día. Necesitan respirar el denso olor que despide la pez quemada. En lo más interior de su alma resuena el tradicional soniquete que durante más de seis horas servirá de improvisada banda sonora a un espectáculo único.

 

El fuego que purifica, el sentirse parte de una tradición viva, el honrar a su pasado y el disfrutar de su seña de identidad hacen el resto. Es la procesión de El Vítor en Mayorga, declarada de Interés Turístico Nacional. Cuenta la tradición que un 27 de septiembre de 1752 llegaba la segunda reliquia de Toribio Alfonso de Mogrovejo a su pueblo natal. Los vecinos salieron a recibirla con antorchas y teas encendidas para iluminar el camino.

 

El cortejo se repitió cada año, pero esta vez las antorchas se sustituyeron por viejos odres encendidos que, seguramente, tendrían más a mano los mayorganos de aquel entonces. Y la tradición hizo el resto para convertir esta fiesta en un espectáculo inigualable difícil de resumir en unas líneas. El ambiente mezcla lo sobrecogedor de la escena con lo más popular de la fiesta.

 

No falta nadie. Los hay ancianos, también niños. Todos envueltos en viejos ropajes, guantes, pañuelos y grandes sombreros revestidos con la costra de la pez a lo largo de los años. En largos varales queman sus pellejos de vino, que ahora subvenciona el Ayuntamiento. Lo cuenta su alcalde Alberto Magdaleno. “Compramos los odres en Covarruvias, unos 500 este año y los preparamos con la pez aquí”. El Ayuntamiento ayuda costeando el 50 por ciento y los pellejos llegan a los mayorganos al precio de 20 euros; diez los más pequeños.

 

Hubo un momento en que estos recipientes de piel de cabra escasearon en el municipio y hubo que buscarlos en esta localidad burgalesa. Magdaleno calcula que este año podrán quemarse unos 800 pellejos en toda la noche; ya que hay vecinos que aún conservan los viejos corambres y los sobrantes de otras ediciones.

 

La fiesta tiene su inicio a las diez de la noche. Ermita de Santo Toribio. En una gran hoguera se comienzan a quemar estas improvisadas teas. Un cortejo envuelto en fuego comienza a recorrer las calles hasta llegar a la Plaza Mayor, reconvertida durante las fiestas patronales en plaza de toros. Al filo de la media noche, todos de rodillas, entonarán con devoción el himno a Santo Toribio, enmarcado con una colección de fuegos artificiales.

 

El Ayuntamiento de Mayorga subvenciona al 50% la compra de los pellejos de vino en la localidad de Covarrubias, que luego rellenará con pez

 

Junto al grupo de música que repite hasta la saciedad una pegajosa cantinela, preside el cortejo –en su parte posterior- el Vítor, un estandarte que da nombre a la celebración, y que porta por tradición familiar Ángel García Quirós. Se trata de uno de esos reconocimientos que obtenían los doctorados de la universidad de Salamanca y que el Santo también ganó en sus prestigiosas aulas.

 

En el año 2003 la fiesta fue declarada de Interés Turística Nacional. Alberto Magdaleno, el regidor mayorgano, cree que aún la fiesta tiene que asentarse “porque aún es la gran desconocida” antes de aspirar a título de mayor calado. Aunque el mayor reconocimiento es el que cada año acudan cerca de dos millares de personas a disfrutar de esta noche mágica.

 

“No hay mejor noche en el año que la de El Vítor”, apostilla el alcalde, quien habla de “tradición y sentimiento” como dos de los pilares básicos de la fiesta que está asegurada por muchos años viendo el nivel de participación de los más pequeños que disfrutan también de su noche.

 

La madrugada va cayendo lentamente. Las calles de Mayorga se cubren de pez quemado. Las gargantas de los participantes agradecen un trago para combatir el denso humo. Los pellejos van consumiéndose pero los mayorganos se resisten a poner fin a la noche que esperan durante un largo año. Lo harán, de nuevo, en la ermita, cantando la salve y el himno del patrón.