La multitudinaria misa del Corpus Christi congrega a miles de vallisoletanos en la Acera de Recoletos

El cardenal Vlázquez durante la misa del Corpus Christi. JORGE IGLESIAS
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Ricardo Blázquez, cardenal arzobispo de Valladolid, presidió la Eucaristía al aire libre a la que acudieron fieles y religiosos. Pese a que la lluvia cayó durante el acto, este no se canceló.

Miles de vallisoletanos se dieron cita este domingo, día del Corpus Christi, para escuchar la Eucaristía al aire libre impartida por el cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, que tuvo lugar en la Acera de Recoletos. Pese a las previsiones de lluvia que hacían temer lo peor en las horas previas y que hubieran obligado a trasladar la celebración a la Catedral, el cielo no llegó a descargar una gran cantidad de agua, por lo que el acto no llegó a cancelarse pese a que obligó a utilizar paraguas.

 

Así las cosas, y pese a que sí había un ambiente fresco que bien invitaba a llevar el abrigo de rigor, fueron cientos, miles los fieles que tomaron plaza en Recoletos para escuchar las palabras de Blázquez en un día especial, apenas unas horas después de que el traslado procesional del paso de la Sagrada Cena llegara al escenario preparado junto al Campo Grande.

 

Y es que bien pareció funcionar la llamada a los vallisoletanos a modo de acto para cerrar el Congreso Eucarístico Diocesano de Valladolid, que ha tenido lugar del 21 de mayo hasta este domingo bajo el lema 'Somos el Pueblo de la Eucaristía'. Se trataba de invitar a los fieles a recuperar esa costumbre de la misa dominical, algo que los religiosos aseguran que se está perdiendo.

 

La cuestión es que mientras los altares de las Cofradías de la ciudad se ponían de punta en blanco para la procesión que llegaría acto seguido, miles de ciudadanos de a pie, entremezclados con niños que acaban de recibir su Primera Comunión y presbíteros, diáconos, seminaristas y cofrades, miraban con recelo las grises nubes.

 

El acto comenzó como debía, pese al frío viento, y transcurrió con normalidad hasta que el cielo dijo que hasta aquí habíamos llegado. Las gotas empezaron a caer y los paraguas a desplegarse, si bien en ningún momento llegó a diluviar con gran intensidad. Otro paraguas para Blázquez y todo solucionado. Y es que cuatro gotas no pudieron con la fe de los creyentes vallisoletanos.