La historia olvidada de Valladolid: la ira de los dioses de la climatología

Crecida del caudal del río Pisuerga en 2013

Valladolid ha sufrido en los últimos siglos episodios atmosféricos de carácter insólito. La inundación del 4 de febrero de 1636 fue tan devastadora que se llevó la vida de 150 personas.

No sabemos si fue cólera, ira o la simple irritación de los dioses del cielo, los vientos y la lluvia, pero el 4 de febrero de 1636 la ciudad de Valladolid sufrió los caprichos del destino, sucumbiendo ante la fatalidad de la meteorología.

 

Valladolid ha sufrido en los últimos siglos episodios atmosféricos de carácter insólito, que ponen en peligro tanto a los habitantes de la ciudad como a su propia infraestructura, destacando los que surgen por medio de la reiteración de precipitaciones. Así pues, sus consecuencias pueden resultar variadas, destacando los desbordamientos que experimentan los ríos.

 

La catástrofe que tuvo lugar el 4 de febrero de 1636 fue de tal magnitud que todavía queda constancia de tal incidente, por medio de una placa que reza en su interior las siguientes palabras: “Aquí llegó Pisuerga en 4 de Febrero de 1636. Alabado sea el Santísimo Sacramento”. La placa se encuentra incrustada a una pared del convento de Santa Teresa, un convento de clausura de monjas carmelitas descalzas.

 

 

Según relata Anastasio Rojo Vega en su libro, Anecdotario histórico de Valladolid, a las nueve de la mañana empezó a sentirse un tumulto que no era normal a esa hora de la mañana. Eran cada más los ciudadanos que corrían en dirección opuesta al Pisuerga clamando que el caudal del río estaba creciendo de una forma inusitada. Por si esto fuera poco, también había gente clamando por la subida del caudal en el río esgueva.

 

Los pregoneros del Ayuntamiento salieron a la calle para ordenar el desalojo de todas las casas próximas al trayecto de las Esguevas. Pero no todos hicieron caso a las instrucciones de los pregoneros. El cauce del Pisuerga creció de forma tan desmesurada que llegó a encontrarse con las aguas del Esgueva en la ciudad, llevándose por delante todas las casas edificadas que estaban hechas de barro. Al día siguiente, el caudal bajo y permitió el rescate por parte de los trabajadores, pero para algunos ya era demasiado tarde. Según Anastasio Rojo, 150 ciudadanos fallecieron en sus casas por culpa del aplastamiento que produjo la inundación en la ciudad de Valladolid.