La historia oculta de Valladolid: José Zorrilla y sus viajes al más allá

José Zorrilla a la edad de cinco años se adentró por unos momentos en una nueva realidad. En la actualidad, la Casa-museo de José Zorrilla esconde en su interior algo más que los recuerdos de un extraordinario poeta y dramaturgo.

El nombre de José Zorrilla es célebre para cualquier vallisoletano. Nacido en Valladolid en 1817, Zorrilla fue poeta, dramaturgo español, miembro de la Real Academia Española y coronado como Poeta laureado de España. Entre sus afamadas obras, el poema Granada, o las obras teatrales Don Juan Tenorio, El zapatero y el rey o Traidor.

 

Pero lo que no cuentan los libros de literatura es que José Zorrilla estuvo muy ligado a lo sobrenatural, porque él era una de esas almas sensibles que tuvieron encuentros con el más allá. Ya desde pequeño, el vallisoletano se ausentaba de su mundo, de sus ensoñaciones literarias, para adentrarse en la otra realidad.

 

Zorrilla apasionado de lo profético y del mundo esotérico, tenía fama entre sus lectores de dominar la cartomancia. Sumado a ésto, el poeta vallisoletano tenía un gran temor al sonambulismo que padecía, aunque acabó por usar ese trastorno del sueño a su favor utilizando para aumentar más si cabe, su vena creativa y artística.

 

En 1822, José Zorrilla todavía era un niño de cinco años cuando presenció su primera experiencia con “el más allá” que le marcaría y acompañaría por el resto de su vida. El chico, que en futuro se convertiría en una eminencia de la literatura, correteaba alegremente y despreocupado por los angostos pasillos de su vivienda cuando un extraño suceso captó su atención. Años después, Zorrilla escribiría que una mujer mayor estaba en frente de una puerta de una de las habitaciones. Él, se acercó, pero el rostro de la señora no le era conocido.

 

- Ven, acércate, no pasa nada. - le susurró la mujer.

 

El niño, preso de su valentía, hizo lo que se le pedía. La mujer le confesó que en realidad era su abuela Nicolasa, que había fallecido antes del que el propio chico naciese, y le pidió que le quisiese mucho y que Dios le guiaría el resto de su vida.

 

Los familiares del chico no dieron seriedad a la crónica del relato, porque al fin y al cabo se trataba de un niño de 5 años. Pero pasados unos años, los recuerdos de tan insólito suceso se agolparon en la brillante mente del escritor cuando ojeando retratos antiguos familiares vislumbró el rostro de una mujer conocida, el mismo rostro de esa señora que decía ser su abuela. En la parte inferior del lienzo había un nombre, Nicolasa.

 

De esta forma, el acontecimiento influyó su trabajo literario, marcado por un tono neblinoso, oscuro y con una sensibilidad a lo oculto.

 

         

FENOMENOS EXTRAÑOS EN LA CASA DE JOSÉ ZORRILLA

 

En la calle Fray Luis de Granada, 2, en la parte más inmemorial de la ciudad de Valladolid, se encuentra la casa de José Zorrilla. Allí nació y pasó su infancia el poeta el 21 de febrero de 1817, y allí regresó en 1866 hasta el último de sus días. Posteriormente, el Ayuntamiento de Valladolid decidió adquirir el inmueble para convertirla en lo que es ahora la Casa-museo de José Zorrilla.

 

Aparentemente, la Casa-museo es un lugar turístico y cultural dedicado a la figura de una las personas más célebres de la historia de Valladolid. Pero en realidad, un extraño ser se esconde entre las paredes de la viviendaLos trabajadores del museo empezaron a declaran que el edificio padecía portazos, espejos rotos, pisadas, sonidos sin origen, y en general, sucesos de extraño germen. La prensa nacional dedicada al esoterismo y el ocultismo se hizo eco de las extrañas declaraciones de los trabajadores. Las investigaciones del avezado divulgador de misterios Ángel del Pozo, concluyeron que los testimonios entre los trabajadores que habían pasado por el museo a lo largo de los últimos años concordaban en gran medida.

 

Y es que según los testimonios, el espectro de la abuela Nicolasa podría mantenerse vinculado a la vivienda, como si un halo de custodia hubiese impregnado la vivienda de ese chico que tiempo atrás revoloteaba por los pasillos del edificio. No es maligno, pero si revoltoso y juguetón, hasta el punto que no solo los trabajadores del museo han sido testigos de los extraordinarios episodios. Visitantes al museo no han encontrado explicación cuando encontrándose en la habitación de la abuela, sus cámaras de fotos se apagaba sin explicación racional. La habitación de la abuela se clausuró después la remodelación del museo en 2006, y fue a partir de ese momento cuando todos los sucesos ya narrados tuvieron lugar. Finalmente, los encargados decidieron volver a abrir al visitante la habitación que en su día fue de la abuela Nicolasa, poniendo fin así a todo tipo de incidente misterioso, como si de esa forma, el espíritu hubiese vuelto a recobrar la serenidad.

 

Cualquier visitante puede ir a la Casa-museo de José Zorrilla para adentrarse en uno de los mundos literarios más extraordinarios de la historia de nuestro país. Pero puede que durante la visita también tengas la posibilidad, como en su día la tuvo el pequeño José Zorrilla, de abandonar tu realidad para descrubir por un momentos, el más allá.