La dura jornada del descenso en Zorrilla

Tribuna de Valladolid hace un recorrido desde el comienzo de la tarde, con el recibimiento a los jugadores en el estadio, hasta la consumación de la caída a Segunda División.

Un descenso a Segunda División no es fácil de digerir, pero mucho menos lo es cuando apenas hay visos para la esperanza. El Real Valladolid no estuvo salvado ni un solo minuto desde que dieron comienzo al mismo tiempo todos los partidos con equipos implicados. Los resultados fueron adversos desde el primer momento y la afición en ningún momento gozó de ilusión.

 

Y eso que el encuentro había comenzado bastantes horas antes. El club había organizado varias actividades alrededor del estadio que culminaban con un recibimiento a los jugadores, pero ahí tampoco salieron las cosas como se esperaban. Pocos minutos después de los jugadores del Pucela, llegó el autobús del Granada. Y su afición. Y los andaluces se comieron a los blanquivioletas. Un verdadero símil de lo que ocurriría después en el campo.

 

Precisamente sobre el césped, mientras los jugadores calentaban, parecía que la seguridad en una hipotética permanencia volvía a renacer. Pero no. Poco hace falta comentar del partido. La grada se revolvía contra la directiva y contra algún que otro jugador. Entre decepción y silbidos, el Pucela volvía a Segunda División.

BORIS GARCÍA

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