La difícil encrucijada del Club Baloncesto Valladolid

La apuesta del club hacia Ricard Casas no es un brindis al sol. Pero tampoco puede quedarse en la superficie. Si el esfuerzo de mantener al entrenador se basa solo en palabras y no en acciones concretas, habrá sido una mera huida hacia adelante.

Sábado 15 de febrero. En las cañerías del polideportivo Pisuerga doble contraste. La fiesta del Estudiantes por un lado y el funeral del CB Valladolid por otro. Mientras la demencia continuaba el espectáculo en la grada y los jugadores se unían al festín, el entrenador de los morados soltaba una reflexión directa que le comunicaba al gerente del club, Felipe Martín. 

 

"Hasta aquí hemos llegado". No fueron exactas estas palabras, ni mucho menos. Fue un pensamiento que añadía a lo que ocurrió minutos más tarde en la rueda de prensa cuando el técnico puso su cargo a disposición del club. "Si otro puede mejorar esto, lo entenderé". 

 

Nadie en el club quería pronunciar la palabra dimisión, que Casas no pronunció en ningún momento. Fue un gesto de honradez y no querer convertirse en un estorbo. Contra muchas opiniones, Ricard conocía perfectamente donde se metía al aceptar la oferta del CB Valladolid: sabía que no tendría pretemporada; que los jugadores dispuestos a fichar por su equipo serían descartes de otros o apuestas procedentes de ligas menores; que habría problemas para cobrar; que sería mal visto por el sector aranzanista que no contempla otro entrenador en el banquillo morado y, sobre todo, que el recorrido deportivo, salvo milagro, sería un calvario.

 

A Casas no le asustaba nada de eso. Su única 'exigencia' era estar dentro de un proyecto. Pobre o rico, pero proyecto que llevara al club a un lugar determinado. Si fuera por medio de la permanencia en ACB mejor; si hay que descender a la LEB no es problema. Pero siempre con un proyecto que aporte sentido a todas las acciones que pudieran plantearse para construir un equipo dentro de un club que también asiente sus cimientos económicos.

 

"Yo aguanto si vosotros aguantáis", ha manifestado Casas a sus directivos en diferentes fases de la temporada cuando la permanencia no estaba tan alejada. Y el aguante de los directivos no es un canto delirante. Han visto su trabajo e implicación, le han conocido más a fondo y no albergan dudas.

 

Pero Casas ya ha hablado, y ahora les toca el turno a los mismos directivos que, junto al Patronato, no han conseguido un patrocinador para esta temporada ni pagar a tiempo a jugadores y empleados pero que, sin embargo, están trabajando en asentar las bases de un futuro que todavía es muy incierto.

 

La reacción de Juan Vela y Felipe Martín fue valiente, arriesgada, expuesta a la crítica feroz, pero no puede quedarse en eso. En cierta medida, Casas les ha colocado en la tesitura de actuar. El equipo, competencia directa del entrenador, necesita un vuelco porque no se atisba capacidad de reacción desde la pista. Y eso pasa por un relevo en los puestos de base y pívot, justo lo mismo que dijo el técnico públicamente hace un mes. Y, también, cortar de raíz la cuestión de Marcos Suka-Umu que, si el club quiere demostrar seriedad, no debería jugar un minuto más con la camiseta del CB Valladolid

 

El entrenador ha vuelto a su rutina de trabajar consciente de que, estos mimbres, solo acumularán palizas y la siguiente está por llegar ante el Laboral Kutxa de los excesos: paga a Lamar Odom por dos meses casi lo mismo que el presupuesto anual de toda la plantilla vallisoletana. Pero esa es otra guerra.

 

 

 

 

Noticias relacionadas