La curiosa historia de la rama de cedro de la Plaza de San Pablo

El cedro de la Plaza de San Pablo acumula más de 100 años a sus espaldas. DANI RODRIGUEZ

Después de muchos años con la rama en el suelo, el Ayuntamiento de Valladolid prefiere mantenerla así por “respetar el crecimiento natural del árbol”, siempre que no afecte a la seguridad ciudadana.

Ahí está, viendo pasar el tiempo. Pasan los días, los meses y los años y no se mueve de su sitio, pegado al suelo de la Plaza de San Pablo, con la estatua de Felipe II como testigo de excepción. Sí, se trata de una enorme rama de cedro de varios metros de longitud, en dicha posición desde hace mucho. ¿Pero por qué el Ayuntamiento de Valladolid la mantiene así? ¿No sería lógico corregir su trayectoria o, simplemente, talarla para preservar el orden público y urbanístico?

 

Pues no. La concejalía de Medio Ambiente y Desarrollo lo tiene claro; la rama no se toca y seguirá con las jardineras que la rodean por mucho tiempo, hasta nueva orden. Y aunque parezca algo ilógico, la explicación es más sencilla de lo que parece.

 

“El árbol tiene muchos años y lleva toda su vida en la Plaza de San Pablo”, confirma la propia concejal encargada del área, María Sánchez, a Tribuna de Valladolid. Y es que cedro se puede considerar ya un veterano de la ciudad, sin duda, toda vez que al menos supera los cien años de antigüedad. “La razón por la que se decidió no tocar el árbol es por respetar su crecimiento natural. Un cedro tiende a tirar sus ramas hacia abajo, y se decidió dejarlo así”.

 

¿Pero la lógica no ordenaría talarlo para no dar mala imagen? “Como se trata de un espacio tan grande y abierto...”, sigue Sánchez. “Si hubiera algún problema para pasar, o si hubiera algo de seguridad, sin duda se quitaría. El tema estético se considera algo secundario en este caso, lo importante es la seguridad y en ese sentido lo cierto es que no hay ningún problema”.

 

Dicho lo cual, no se descarta la opción de pegar un recorte si se diera la situación, si bien a día de hoy todo hace indicar que no hay de qué preocuparse. Ergo, la enorme rama prevalecerá en su sitio en una apuesta de respeto por el medio ambiente.

 

“En todo caso, estoy pendiente de hablar con el jefe de servicio, lo vamos a estudiar”, zanja la concejal del Ayuntamiento. Quién sabe si todo aquel que pasa a día de hoy por la Plaza de San Pablo y se encuentra con la rama en el suelo, dejará de verla en algún momento. Lo que sí parece claro es que si algo no molesta, no hay por qué tocarlo.