La 'cumbre' León-Valladolid, algo más que un buen gesto político

Óscar Puente y Antonio Silván se hacen un selfie en pleno centro de León.

La visita institucional del alcalde vallisoletano, Óscar Puente, a la capital leonesa acaba con un absurdo enfrentamiento provincial alentado desde una clase política que ya está caducada.

Óscar Puente tendió la mano a Antonio Silván y todo un ejercicio de normalidad se convirtió en algo más que un gesto político. La visita institucional del alcalde de Valladolid a su homólogo leonés entierra una absurda rivalidad provincial alentada desde una clase política que está en desuso.

 

Quizá ahora convendría preguntarse por qué se mantiene durante años esa extraña observación recelosa hacia Valladolid desde el resto de la Comunidad. En realidad eso no ocurre de Valladolid para fuera, pero es cierto que se han etiquetado diferentes conceptos que solo han servido para enturbiar la cordialidad provincial que este jueves, dos alcaldes nuevos en el cargo de opciones políticas bien diferenciadas como PSOE y PP, se han encargado de soterrar en una apuesta hacia el futuro.

 

Habría que preguntarse si esta visita hubiera sido posible en otro clima político. También sería injusto no reconocer que Javier León de la Riva tenía pactada con Antonio Silván una visita a León en el caso de haber salido reelegido como alcalde. Seguro que en León, no hace mucho tiempo, la jornada entre Puente y Silván hubiera tenido matices diferentes. Pero los actores han cambiado, con desgracias incluidas por el medio, y eso ha servido igualmente para regenerar los tiempos políticos con una forzosa y esperanzadora mirada hacia adelante. Todo ha ayudado. El talante constructivo de ambos alcaldes y, por qué no, el conocimiento de Valladolid que tiene Silván después de haber vivido varios años en la ciudad por su condición de consejero de la Junta. Este jueves, en León nadie sacó las garras cuando ambos alcaldes caminaban tranquilamente por las calles del barrio románico e incluso hacían una parada en uno de los locales de moda antes de degustar un cocido maragato en La Colegiata de San Isidoro.

 

Precisamente, Valladolid tendría que haber elevado en más de una ocasión el altavoz de las injusticias. Desde el capítulo inversor hasta normas no escritas que han establecido ciertos vicios incomprensibles: salvo el efímero paso del socialista José Constantino Nalda (1986-87), ningún presidente de la Junta de Castilla y León ha sido de Valladolid. En las Cortes de Castilla y León también se aplica esa regla tan particular. No se hizo nada mientras la bola de nieve crecía ante un extraño sentimiento de animadversión capitalina.

 

Pero Puente y Silván han protagonizado el inicio del cambio basado en buscar los puntos en común para trabajar por el bien de ambas ciudades en lugar de aferrarse a las viejas disputas alentadas en su momento por un movimiento político en declive como la Unión del Pueblo Leonés y aplaudida desde diferentes entornos de los medios de comunicación. A algunos, este jueves se les ha caído uno de sus argumentarios más recurrentes.

 

Unidos por el AVE, Valladolid y León tienen mucho camino por recorrer en una mirada hacia adelante aprendiendo de algunas cuestiones del pasado que no eran más que el negocio de unos pocos.

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