La crisis de Ciudadanos en Valladolid: su gran ocasión perdida

Pilar Vicente y Jesús Presencia al comienzo del pleno. A.MINGUEZA

La puesta en escena de las disculpas de su concejal, Jesús Presencio, una losa más en la credibilidad de un partido que pretendía asumir un protagonismo diferente en la política. Su tibieza ha sido su condena.

Apenas dos frases. Una escenificación del esperpento que, desde el 16 de agosto, ha venido protagonizando el concejal de Ciudadanos en Valladolid, Jesús Presencio. Esa fue su disculpa, pasando por encima actitudes y compromisos. Pero esa es una cuestión del ámbito de Presencio. Lo que verdaderamente ha fallado son los mecanismos de Ciudadanos para llevar a la práctica todo lo que viene pregonando como abanderado de la regeneración política.

 

Ciudadanos se ampara en la judicialización del ya denominado 'Caso Presencio': cuando actúe el juez, el partido tomará sus decisiones. Previsiblemente expulsar de su formación al cargo público que no ha cumplido con el decoro exigido y firmado por sus militantes. Tarde y mal porque, por otra parte, la Ejecutiva Nacional ampara que su representante pase a cobrar una dedicación exclusiva que se traduce en 47.000 euros anuales.

 

Presencio ha sido un error de Ciudadanos. Antes, durante y después de las elecciones. Es más. Su carácter y su talante fueron un lastre para que el partido consiguiera mejores resultados en Valladolid. A medida que pasaban los días, según se acercaba el 24 de mayo, las sensaciones alrededor de Ciudadanos y sus posibilidades quedaban enterradas en el agujero creado por su pésimo candidato.

 

Ciudadanos cuenta con personas muy válidas para asentar su proyecto. Pilar Vicente, convertida a la fuerza en doble portavoz de Ayuntamiento y Diputación, ha sido una excelente aportación a la política local y provincial. El coordinador regional Luis Fuentes, integrado ahora en la cuota de barones de Ciudadanos, también ha demostramo solidez y rigor. Pero ambos están atenazados por la directiva nacional que, desde Barcelona, ha respaldado a Presencio en ese antes, durante y después. La gestión de este caso, cuando se conocieron los escandalosos datos en los controles de alcoholemia, ha sido nefasta. Tan decepcionante que el partido ha perdido su gran oportunidad de reivindicarse no solo en Valladolid, sino también a otros niveles de esta necesitada política española porque el estado de embriaguez de su concejal ha traspasado las fronteras provinciales.

 

Es difícil explicar que un partido como Ciudadanos, con un perfil regenerador y llamado a tener influencia primero en Cataluña y después en España, haya sido incapaz de atajar los desmanes planteados en Valladolid por Presencio. Porque ya tuvo argumentos cuando conoció que su concejal había mentido desde el primer minuto de su toma de posesión, tras anunciar que renunciaba al sueldo y todo era una burda mentira. Después disfrazó de dimisión por motivos personales una renuncia por el escándalo de la alcoholemia y toleró que no se hiciera efectiva hasta casi dos semanas después. Por último, pactar su remuneración como una dedicación exclusiva sin ostentar la portavocía es todo un insulto a los votantes de su partido y a todos los ciudadanos en general que no entienden esta estragegia de actuación más propia de partidos marcado con el sello de la improvisación y no con el que Ciudadanos quiere exhibir de coherencia y transparencia. En el caso de Presencio, ni lo uno ni lo otro.

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