La CNTC enfrenta viejo y nuevo orden en 'La Verdad Sospechosa', comedia que actualiza el peso social de la mentira

La Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) enfrenta el viejo y el nuevo orden en su visión de 'La Verdad Sospechosa', comedia que acerca este fin de semana al teatro Calderón de Valladolid y que actualiza, 400 años después, el peso social de la mentira.

Interpretada por Fernando Sansegundo, Joaquín Notario, Rafa Castejón, Juan Meseguer, Marta Poveda, Nuria Gallardo, Pepa Pedroche y David Lorente, entre otros, esta comedia de Juan Ruiz de Alarcón, escrita entre 1618 y 1621 y publicada en 1634, aporta sendas visiones del Madrid de la Corte desde las dos orillas del Atlántico (el autor nació en México) y, junto al amoroso, aborda el tema de la mentira.

  

Dirigida por Helena Pimenta, quien destaca que 'La Verdad Sospechosa' "no defrauda en absoluto" y produce "enorme sorpresa y curiosidad", la parte cómica de la obra se sustenta en el error, en la risa que produce en el espectador el sufrimiento de los personajes, que mienten por supervivencia, por apariencia.

  

Alejada de la propuesta que, también con la CNTC, hizo hace 22 años Pilar Miró, 'La Verdad Sospechosa' del siglo XXI aporta una mirada "muy diferente": frente a la "alegría del juego teatral" de la cineasta en un momento en que la compañía "estaba al servicio del verso", Pimenta ha escarbado en la profundidad de un texto que ha sacado su parte romántica, lo que le ha llevado a acercarse a la "melancolía" y el dolor que acompaña el reconocimiento "de vivir en un mundo así".

  

"Nos encontramos atrapados como sociedad, hemos perdido cierta ingenuidad", ha reconocido la directora antes lamentar que, frente a la búsqueda de la esperanza, se ha avanzado hacia una concepción del mundo "estructurado en mayores mentiras, en verdades muy sospechosas".

 

HIPOCRESÍA, APARIENCIAS Y DINERO...

  

Preparado, tras su paso por Valladolid, para viajar a Gijón, Santander y, en julio, a México, donde será difundido por pantallas a distintos puntos, el montaje aborda la creencia en la mentira como individuo y como sociedad pero también el mayor peso de la apariencia sobre el ser y el segundo plano al que la época relegaba a las mujeres.

  

Don García, personaje "bombón" del teatro clásico interpretado por Rafa Castejón, es el "segundón" de la familia, desterrado a estudiar en Salamanca hasta que su hermano mayor muere y tiene que hacerse cargo de la herencia y las obligaciones de la familia en una capital, Madrid, en la que imperan "la hipocresía, el dinero y las apariencias", que resulta ser un "campo abonado" para sus mentiras.

  

Su padre, Don Beltrán, encarnado por Joaquín Notario, es un hombre que busca ser consecuente y sincero y que, sin apenas relación con su hijo, representa a la perfección la otra cara de la moneda: las antiguas reglas frente a la nueva generación, "el viejo y el nuevo mundo".

  

Jacinta, a quien da vida Marta Poveda, ahonda en la visión que, de la realidad femenina, se desprende de la obra de Ruiz de Alarcón: la de una mujer "con deseos, sensualidad y vitalidad" que, debido a la época, no podía desarrollar. "Ella también miente para sobrevivir", ha asegurado la actriz antes de reconocer que, para afrontar su trabajo, ha tenido que ver qué pasaría si le cortaran las alas "de cuajo".

 

ESCENOGRAFÍA "APARENTE"

  

El público de Valladolid que acuda a ver la obra -"siempre completa nuestro trabajo y nos vamos con nuevos datos", ha reconocido la directora- se topará con una estética de comienzos del XX a través del vestuario y de la escenografía.

  

Esta última, abstracta, "muy aparente" y nada cara -"usamos los recursos públicos con mucho rigor y siempre buscando la excelencia"-, ha huido de la recreación de una ciudad convencional y, de este modo, se sustenta "en la mitad de un cubo colocado en un escenario" en un "juego muy poético" al que acompaña el vestuario, ambientado en los 20' y que busca "subrayar la idea del cambio del orden viejo por el nuevo".

  

La música seleccionada por Ignacio García reúne, en torno al piano de Miguel Huertas y Luis Noain, sones de ambos lados del mar.