La Audiencia reabre el caso de un enfermo de leucemia fallecido por un retraso en el tratamiento

Exterior del hospital Clínico Universitario de Valladolid. BORIS GARCÍA

Estima así el recurso de apelación de los familiares de la víctima contra el archivo dictado en primera instancia.

La Audiencia de Valladolid ha acordado reabrir el caso de un hombre con iniciales E.M.R. que murió en septiembre de 2006 a causa de una leucemia pero que, tal y como entiende la sala, podría haber tenido un cincuenta por ciento de posibilidades de alcanzar la curación total si el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad no se hubieran demorado casi dos meses y medio.

  

De este modo, la Sección Cuarta de lo Penal de la Audiencia vallisoletana estima la apelación interpuesta por la familia de la víctima contra el auto de archivo de las diligencias dictado el pasado día 19 de febrero por el Juzgado de Instrucción número 6, según el cual no existía relación de causalidad entre la acción de los denunciados, Fremap y la doctora E.P.G, y el óbito del paciente.

  

Frente a ello, la Audiencia provincial enmarca la conducta denunciada en un posible delito de homicidio por imprudencia grave, una falta de imprudencia leve con resultado de muerte o, alternativamente, en la producción de unas lesiones por imprudencia, e incluso llega a apuntar que en el caso de que el paciente hubiera sido atendido con celeridad la remisión total de la dolencia se habrían elevado a un 80 por ciento en la fase inicial del tratamiento y la consolidación de la curación habría estado en un 50 por ciento de posibilidades.

 

INVASIÓN EN LA MÉDULA ÓSEA

  

El auto de la sala, que ordena la continuación del procedimiento y al que tuvo acceso Europa Press en fuentes jurídicas, dictamina que se produjo un "claro retraso de dos meses y medio" en el diagnostico y tratamiento de la enfermedad de E.M.R, "lo que contribuyó a una evolución negativa de la misma", ya que dio lugar a una drástica invasión de blastos en la médula, provocó un aumento de las complicaciones de todo tipo e impidió un correcto tratamiento quimioterápico que, en un fase temprana, pudiera haber llevado a los médicos a intentar un trasplante de médula ósea.

  

"Aparecen en la causa elementos bastantes para estimar que la conductora de la doctora E.P.G. contribuyó al empeoramiento del estado de salud del paciente, con un resultado luctuoso que se podría haber evitado", insiste la Audiencia provincial en su auto.

  

Los hechos se remontan al día 14 de marzo de 2006 cuando el paciente, E.M.R, trabajador de Govimar, fue sometido a unos análisis que encargó Fremap para la plantilla de la empresa, con la que había suscrito un convenio para asumir la prevención de la salud de sus trabajadores.

  

El laboratorio que practicó los análisis remitió al día siguiente a Fremap los resultados de la analítica, en los que se apuntaba ya entonces que el trabajador en cuestión presentaba una serie de alteraciones muy graves en sangre que hacían sospechar la presencia de una hemopatía maligna, tipo leucemia, y se aconsejaba una citología por parte de un médico especializado en hematología.

  

A pesar de ello, Fremap y la doctora E.P.G. no citaron al interesado hasta el día 30 de mayo de 2006, dos meses y medio después, cuando se le realizó un reconocimiento médico y se le aconsejó acudir a su médico para el estudio de las alteraciones analíticas detectadas.

 

ACTUAR CON "ALARMA"

  

"Si ya en este momento se había producido el retraso, desde entonces se debería de haber actuado con alarma, a la vista de los resultados aparecidos, y no derivarle simplemente a su médico de cabecera", censura la Audiencia de Valladolid.

   Fue al día siguiente, el 31 de mayo, cuando el paciente se presentó en la consulta del Centro de Salud 'Delicias I-Circunvalación', donde el médico, al ver los análisis que le habían dado en la mutua, le recomendó que fuera a Urgencias del Clínico Universitario.

  

Allí acudió al día siguiente y quedó ingresado tras efectuarse nuevos análisis cuyos resultados fueron mucho más alarmantes que los realizados dos meses y medio antes por Fremap. El enfermo fue sometido a transfusiones de sangre y plaquetas, se le practicó una punción medular y le fue diagnosticada una leucemia mieloblástica aguda.

  

A pesar del tratamiento recibido desde entonces, E.M.R. falleció por shock séptico el día 14 de septiembre de 2006 en el Hospital Clínico Universitario.