La Audiencia de Valladolid impone cuatro años de cárcel al 'Pocero' por tráfico de drogas

La Audiencia de Valladolid ha impuesto una pena de cuatro años de prisión a Óscar P.S, vecino de Medina del Campo conocido por el sobrenombre de 'El Pocero' que en abril de 2012 fue interceptado por la Policía Nacional en posesión de 76 gramos de cocaína y otros 70 de hachís que tenía ocultos en su vivienda, a la que había "blindado" mediante la instalación de un circuito de videovigilancia.

La resolución del tribunal, a la que tuvo acceso Europa Press en fuentes jurídicas, es casi coincidente con la petición de pena del Ministerio Fiscal, que había elevado la condena en seis meses más, mientras que la defensa había solicitado un fallo absolutorio al entender que se habían vulnerado los derechos de secreto de las comunicaciones e inviolavilidad del domicilio de su cliente.

 

Sin embargo, entre las razones que justificaron el auto judicial que autorizó las escuchas telefónicas sobre el procesado, la fiscal jefe, Esther Pérez, se refirió durante el juicio no sólo a las sospechas de que 'El Pocero' venía dedicándose al tráfico de sustancias sino también a las dificultades de la policía para realizar sus pesquisas debido a las medidas de contravigilancia adoptadas por éste.

 

"Tenía blindada su casa, tanto la parte delantera como la trasera, con cámaras de videovigilancia conectadas a un dispositivo de grabación en blanco y negro", enfatizó la acusadora pública, quien, en su afán por demostrar la oportunidad de los 'pinchazos', recordó que Óscar P.S. ya había sido interceptado con droga en 2011 y que tres años antes un toxicómano, vecino de Medina del Campo y detenido por robo, había confesado que 'El Pocero' era la persona que le suministraba la droga.

 

En la misma línea, el agente de la Policía Nacional que intervino como instructor de la investigación recordó que durante el cerco montado al acusado pudo comprobarse que éste, a pesar de no contar con trabajo conocido, ya que su último empleo data de 2002 y hasta 2004 percibió una ayuda, acostumbraba a conducir vehículos caros y de gran cilindrada con los que solía realizar maniobras propias de quien pretende evitar el seguimiento policial.

 

CONDUCCIÓN TEMERARIA

 

"Su ir y venir en coche y sus encuentros con clientes, sin bajarse de él, eran una constante a diario", relató el funcionario policial, quien advirtió de que en numerosas ocasiones 'El Pocero', en su propósito de eludir cualquier seguimiento, solía pasarse los semáforos en rojo y conducía de forma temeraria, actitud ya de por sí sospechosa a la que se suman numerosas llamadas desde su móvil, la mayoría perdidas, con las que concertaba citas con compradores en sitios ya prefijados.  

 

Fue en este contexto cuando la tarde del 18 de abril de 2012 la policía, gracias a las escuchas telefónicas, conoció que el acusado había acordado una cita con un cliente en las inmediaciones del bar Faisán de Medina del Campo, lo que permitió a los agentes actuantes detener al comprador en posesión de una papelina. Este mismo, ya en comisaría, confesó en los últimos seis o siete meses 'El Pocero' era quien le surtía de sustancias.

 

El ahora condenado, que en el juicio se limitó a responder a las preguntas de su defensor, enfocadas únicamente a demostrar que el 'parque móvil' que utilizaba no era de su propiedad sino que pertenecía a miembros de su familia, sería interceptado ese mismo día cuando se disponía a entrar en la cochera de su vivienda. La detención, sin embargo, no fue fácil ya que el imputado, al percatarse de la presencia policial, trató de cerrar primero la puerta del garaje y luego, al no conseguirlo, se encerró en el coche haciendo caso omiso a las indicaciones de los agentes para que se apeara de él.

 

Los policías lograron finalmente detenerlo tras verse obligados a romper uno de los cristales del turismo. En su cacheo, se le ocuparon casi 2.000 euros y ocho bolsitas de cocaína. Más tarde, en el registro de su vivienda la policía se incautó del resto de la droga, hasta 76 gramos de 'coca' y otros 70 de hachís, junto con envoltorios de plástico y precintos para cerrar bolsitas, una balanza de precisión, unas tijeras y una navaja con restos de droga, 900 euros dentro de una caja de whisky, una veintena de teléfonos móviles y papeles con anotaciones de cantidades y números de teléfono.