La alegría se instala de nuevo en Zorrilla

Los jugadores del Real Valladolid, en plena celebración tras uno de los dos goles ante el Alavés. ALBERTO MINGUEZA

El Real Valladolid ha cosechado tres victorias consecutivas con once goles a favor y ninguno en contra, además de haber regresado a los puestos de ascenso directo ocho jornadas después.

No hay duda, el Real Valladolid está de dulce desde hace unas cuantas semanas. “Todo equipo pasa por sus baches a lo largo de la temporada”, repitió en varias ocasiones Rubi cuando las cosas no venían tan de cara para el equipo blanquivioleta, que pareció encontrar el antídoto perfecto con un movimiento táctico magistral del entrenador como fue el descubrimiento del 4-3-3.

 

Y es que a partir de ahí el Pucela se puso las pilas. Hasta que el técnico se quemase los sesos para dar una vuelta de tuerca a la situación del equipo ante el Barcelona B, momento en el que entró por primera vez el nuevo esquema, su equipo tan solo había ganado uno de los seis últimos encuentros, un dato preocupante para quien aspira al regreso a la Liga de las estrellas.

 

Fue entonces cuando el fénix renació de sus cenizas. Desde entonces, tres choques ante el filial catalán, Zaragoza y Alavés, con resultados más que óptimos. A saber; once goles a favor, ninguno en contra y tres victorias sin oposición. Pero hay mucho más. El hecho de haber recuperado sensaciones y buen juego, unidos al regreso a puestos de ascenso directo ocho jornadas después, han devuelto la fe a una grada que llegó a dudar de la solidez y consistencia de la plantilla.

 

El Real Valladolid se ha convertido en una apisonadora de hacer goles y, además, de no encajarlos. Otro detalle fundamental para la buena marcha de los albivioletas ha sido el echar el candado a la portería de Varas, quien ya se ha convertido en el portero menos goleado de Segunda División.

 

“Si tuviera que quedarme con los once goles o con el no haber encajado ninguno en los tres últimos partidos, me quedo con lo primero”, decía Rubi después de derrocar al Alavés este domingo. “Y si pueden ser las dos cosas, mejor”, sonrió. Está claro que se viven tiempos de vino y rosas en Zorrilla.

 

En resumen, un Valladolid que ha ganado los tres últimos encuentros, que ha aprendido por fin un esquema que le vale, que tiene contenta a la afición, que ha vuelto a la segunda plaza de ascenso, que se muestra sólido en ataque y defensa y que, con vistas al futuro, parece que no tiene techo. ¿El próximo objetivo? Confirmar méritos a domicilio ante el Llagostera para dar caza al líder, Las Palmas. Pero eso será a partir del próximo fin de semana.

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