La 59ª Seminci, una edición divertida pero sin cine trascendente

La Seminci dice adiós tras una intesa semana cargada de cine de todos los colores.

La 59ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid ha concluido tras una intensa semana en la que hemos disfrutado de películas procedente de todos los países. La comedia se ha establecido como núcleo de un festival en el que han prevalecido las buenas intenciones por encima de talento narrativo.

 

Es cierto que este año nos hemos reído como nunca lo habíamos hecho en Seminci con una serie de propuestas alegres y divertidas pero como contrapunto, se ha echado en falta un cine característico de Seminci, de mayor profundidad argumental y con una elaboración formal más minuciosa y delicada. Porque la sensación que nos deja el festival es de haberlo pasado bien a ratos, pero con el contraste de que podemos contar con los dedos de una mano los largometrajes que han sido capaces de permanecer y establecerse en nuestra conciencia con el paso de los días.

 

Ya os contábamos que Mita Tova era una de las candidatas a la Espiga de Oro por su capacidad para afrontar un tema tan imperturbable como la muerte de forma cómica. De esta forma el Jurado Internacional ha querido premiar esta cinta con el premio de mayor consideración del festival, la Espiga de Oro. Y aunque a nosotros nos haya impresionado más alguna que otra propuesta durante el festival  como el largometraje Whiplash, no se puede despojar mérito alguno a una película que afronta el tema de la eutanasia de una manera emocionante a través de unos personajes que rebosan de atractivo por medio de la gran pantalla. De hecho, dos de las actrices del film, Levana Finkelshtein y Aliza Rosen han sido las ganadoras del merecidísimo premio a la mejor actriz.

 

La Espiga de Plata y el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica han sido concedidos al soberbio largometraje alemán Camino de la cruz que explora el fanatismo religioso a través de una mirada mordaz y sarcástica. Para nosotros podría ser nuestra Espiga de Oro porque además de ofrecer un contenido lúcido e inteligente como hace Mita Tova, está elaborado con una elegancia inusitada por medio de 14 planos secuencias que hacen de ella una propuesta formal de elevada calidad.