Juan de Dios paladea el toreo con un 'Exquisito' de García Jiménez

Ver album

Entretenida novillada sin picadores en Valladolid en la que el triunfador fue el murciano Juan de Dios, que desorejó a un gran novillo premiado con la vuelta al ruedo. Pablo Atienza, Alejandro González, Alfonso Cadaval y Toñete también tocaron pelo, garcias a una buena novillada de Casa Matilla.

Plaza de Toros de Valladolid. Segunda de Feria. Tarde calurosa. Cerca de Media Plaza. La entreda fue gratuita para abonados y menores de 25 años. Se han lidiado dos erales de Olga Jiménez (primero y quinto) y cuatro de García Jiménez. Los tres primeros más chicos. Con mucha calidad el primero y excelente el cuarto que fue premiado con la vuelta al ruedo.

 

Pablo Atienza (Verde hoja y oro). Oreja tras aviso.

Cedrid Fructueux 'Kike' (Verde botella y oro). Vuelta al ruedo.

Alejandro González (Grana y azabache). Oreja.

Juan de Dios (Berenjena y oro). Dos orejas.

Alfonso Cadaval (Gris plomo y oro). Oreja.

Antonio Catalán 'Toñete' (Burdeos y oro). Oreja.

 

 

Tiene hechuras de torero. Murciano de nacimiento, pero ahormado en la Escuela de Salamanca en la zurda inmortal del maestro José Ignacio Sánchez. Juan de Dios guarda clase, templanza, gusto y toreo de aroma clásico, muy clásico. Unas condiciones innatas que le pueden abrir muchas puertas. Ayer, por el momento, descerrojó la puerta grande del coso de Zorrilla.

 

Lo hizo en la novillada de promoción en la que el murciano se encontró con  el mejor eral del encierro. Un novillote burraco de Hermanos García Jiménez que tuvo clase, codicia, humilló y embistió pastueño y de lejos, con mcho motor y gran tranco La suerte estuvo del lado de De Dios (entiéndase de Juan de Dios) al pechar con un extraordinario y bravo novillo premiado con la vuelta al ruedo, pero también la suerte cayó del eral de la casa Matilla, 'Exquisito' de nombre y condición, por caer en las manos del murciano, mucho más rodado que sus compañeros de cartel.

 

Buen capote, mejor muleta. Series templadas, alargando la mano, vaciando la embestida. Suave, gustando y codilleando en algunos lances. Quizá a veces demasiado ortodoxo y un poco frío. Cita dando el pecho, engancha alante, alarga la embestida despacio y vacía para ligar con el siguiente envite. Muy bien el murciano. También con la espada. Y según transcurría la tarde, las dos orejas fueron merecidas y meritorias.

 

Hasta entonces Pablo Atienza, el segoviano, con mucho oficio ya en este primer peldaño del escalafón, estuvo muy correcto con un buen ejemplar de Olga Jiménez. Muletazos ligados y templados por ambas manos, en un trasteo muy pulcro, pelín despegado, que emborronó con la espada. Los tendidos, muy jóvenes, le premiaron con una oreja. No fue tan fácil el segundo novillo, pero el francés Cedrid Fructueux –Kike en los carteles, afortunadamente- tampoco se acopló. No funcionó el tándem y el galo apenas dejó algunos muletazos sueltos. A pesar de ello se regaló una vuelta al ruedo, tras una minoritaria petición.

 

 

Alejandro González es un joven corpulento del Puerto de Santa María. Se intuye buen concepto y temple innato, aunque aún deberá pulir su toreo, especialmente algunos fallos de colación. No obstante, dejó buen sabor de boca con algunas meritorias tandas, especialmente sobre la zurda, que le sirvieron para arrancar una oreja.

 

Mucha expectación había para ver sobre el albero del Coso de Zorrilla a Alfonso Cadaval, hijo del popular humorista de Los Morancos, apostado en un burladero del callejón para seguir muy de cerca a su pupilo. El novillo fue más fuerte que sus hermanos, encastado y exigente, y a Cadaval se le olvidó que en esto del toreo lo importante es parar, templar y mandar. No se acopló en las primeras series, y se fue entonando a media de que el trasteo consumía series. El novillo exigia toque. Dejó sello de un concepto muy personal, sevillano, que quizá le puede funcionar. Un pinchazo no le privó de pasear una oreja, en una vuelta al ruedo muy aclamada por el numeroso público joven que se dio cita en los tendidos.

 

El encierro de los Matilla fue excelente. Los tres primeros más chicos, los tres últimos algo más cuajados. Todos sirvieron en mayor o menor medida, aunque fue el sexto el más complicado. Nunca quiso pelea y cuando vio hueco siempre huyó. Antonio Catalán 'Toñete' dio la cara. Sus apenas 17 años se notan en bisoñez y carencias, que fueron suplidas por arrojo y ganas. Cuando supo poner la muleta en el hocico del animal, el eral respondió embistiendo con clase y surgieron dos bonitas tandas al natural. Dos volteretas calentó al personal y Toñete no se fue de vacío: una oreja fue la recompensa.