Juan Antonio Quintana y 200 actores y músicos recrean la vida de Herodes en un macroespectáculo en Rioseco

'Mateo 16,18' se representará en la iglesia de Santiago de los Caballeros los días 27, 28 y 29 de diciembre. 

Quienes acudan este fin de semana a la iglesia de Santiago de los Caballeros para presenciar Mateo 16,18 que no esperen un belén viviente, una pastorada o, incluso, una representación al uso de la vida de Herodes. Mateo 16,18 es mucho más que eso. Es una reflexión sobre la condición humana amparada en la excusa de las últimas horas de vida del tirano Herodes, que bien podría compararse a algunos de los dictadores del siglo XX, o al menos, así lo quieren ver sus creadores.

 

El actor vallisoletano Juan Antonio Quintana encarna como nadie a un Herodes moribundo que en sus últimos instantes de vida hace balance y justifica la matanza de los inocentes, ante su hijo (al que da vida Carlos Recio), quien le acusa de ser un genocida. El argumento no tendría nada de especial sin el envoltorio que han conseguido crear Teatro del Hereje, bajo la dirección de Fran Núñez y Manuel Polo.

 

 

Un escenario único y sobrecogedor, como la iglesia de Santiago, casi siempre en penumbra. Más de 200 participantes, con la colaboración de siete grupos de teatro aficionado de la comarca; la banda municipal de Música; las bandas de cornetas y tambores del Cristo de la Clemencia, el Nazareno de Santiago y el Cristo de la Paz; el grupo de danzas Ciudad de Rioseco y la coral riosecana Almirante Enríquez, además de la colaboración especial del caballista Francisco Perrote, quien protagonizará uno de los momentos más sorprendentes y espectaculares de la hora en la que se prolonga la representación.

 

Quienes acudan a ver Mateo 16,18 (viernes y sábado, 20 horas, y domingo, 19 horas) que no esperen una ambientación basada en el año cero. Más bien este espectáculo, que tiene mucho de conceptual, adquiere una estética industrial, basada en la Europa de las entreguerras, azotada por los movimientos fascistas.

 

Un espectáculo, con varios niveles de interpretación, que no dejará indiferente a nadie y que promete emociones fuertes y una cuidada escenografía que toma la estructura de auto sacramental, aunque revisado y adaptado al siglo XXI.