José Ortega Cano y su naturalidad con su pulsera telemática

No es que la exhiba pero tampoco parece que le suponga un problema. Si se nota, que se note, pero tapadita con el calcetín está mejor.

Desde que consiguiera este año el tercer grado, José Ortega Cano ha retomado poco a poco la normalidad en su vida. El diestro ingresaba el pasado 24 de abril de 2014 en el centro penitenciario de Zuera (Zaragoza) condenado por homicidio imprudente. Año y medio más tarde, el viudo de Rocío Jurado comenzaba a disfrutar del régimen de semilibertad.

 

Este ansiado tercer grado llegaba en uno de sus mejores momentos, a pesar de que su hijo se había comportado de manera díscola durante varios meses y sobre todo, tener que haber sido ingresado en diferentes centros para tratar sus adicciones. Sin embargo, esto no impedía para que José Ortega Cano le amargase un dulce y poco a poco ha vuelto a poner orden en su vida.

 

Lo primero, disfrutar de su actual pareja, Ana María Aldón y también de su hijo, el pequeño José María. También ha estado enfocada en su futuro profesional Gloria Camila, que está estudiando diseño de moda y sobre todo, está a punto de abrirse camino en el mundo empresarial con un local que está gestionando junto a su padre. Y como decimos, José Fernando está poco a poco camino de la recuperación total.

 

Pero Ortega Cano tiene una compañera inseparable, su pulsera telemática, la cual le permite estar controlado y vigilado en todo momento y que es necesaria para cumplir con el régimen del tercer grado. Pulsera que apenas es visible aunque en uno de los últimos actos en los que ha aparecido el diestro, la hemos podido visulmbrar.

 

Fue en el homenaje que Ortega Cano recibía en la Asociación Taurina La Montera de Esquivias que tuvo lugar en la Casa de la Cultura de la citada localidad toledana donde, en uno de los instantes, se veía dicha pulsera. Eso sí, ni tampoco llamando la atención y tampoco tapándola demasiado para atraer miradas.

 

Digamos que la naturalidad ha acompañado al diestro y como ocurre con cualquier persona, el torero se ha calzado sus calcetines para lucir sus zapatos. Sin tapujos, sin vergüenza, Ortega Cano puede disfrutar, con este pequeño hándicap de la ansiada libertad y de seguir ordenando su vida tras su paso por prisión.