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José Miguel Ortega da vida a los cafés de Valladolid con un libro "muy especial"

José Miguel Ortega posa con su nuevo libro. A.MINGUEZA

El periodista y cronista deportivo de la ciudad presentó este jueves en la Biblioteca de Castilla y León su publicación 'Viejos cafés de Valladolid (1809-1956), tertulias, conciertos y varietés'.

José Miguel Ortega volvió a dar este miércoles una lección de periodismo en la Biblioteca de Castilla y León en Valladolid, en la presentación de su libro ‘Viejos cafés de Valladolid (1809-1956), tertulias, conciertos y varietés’, del que el título dice todo. La historia de cerca de sesenta cafés de Valladolid que dieron sus primeros pasos a principios y mediados del siglo XIX en la ciudad y que, por una u otra razón, terminaron por dejar huella.

 

Así, el periodista y cronista deportivo de la ciudad de Valladolid se mostró satisfecho en la puesta a punto de su libro ante un público entregado que abarrotó la sala. “El primero de todos estos cafés trataba de cuando Valladolid estaba ocupado por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia. Luego hubo otro italiano en Fuente Dorada, en 1837... Otro suizo frente al Círculo de Recreo...”. Y así hasta sesenta, cada uno con su particular historia que, en boca del autor, “merece la pena contar”.

 

“Se trata de hacer ver en una serie muy especial cómo eran estos garitos de Valladolid, quién era el dueño, buscar el alma del café, de los camareros. Dar los datos históricos pero revestidos de una versión más humana de ellos”, ha explicado Ortega. Los relatos de algunos como el Katiuska, el Café Cantábrico o el todavía vigente Café del Norte se encuentran entre sus páginas.

 

¿Y cómo ha conseguido Ortega la documentación? Era fácil de adivinar, teniendo en cuenta que entre el público se encontraban también varios familiares de aquellos fundadores de los establecimientos, además de Eduardo Pedruelo, director del Archivo Municipal de Valladolid.

 

“Hubo un momento que en Valladolid había muchísimos cafés, la competencia era brutal. Iban innovando y se iban abriendo y cerrando, también en función de los espectáculos que ofrecieran”, siguió el periodista. “Los cafés han visto pasar la vida de la ciudad. Lo que se ve y se habla en estos lugares es la historia de la ciudad, las costumbres y hábitos”, concluyó.