José Luis Díez: “Estuve a punto de perder la vida en la carretera, pero la bici es mi veneno”

José Luis Díez en la Calle de Santiago tras completar una ruta. J.A.G.

Este aficionado de Valladolid, enamorado del ciclismo que sufrió en 2004 una grave caída, pide mayor seguridad para los ciclistas en carretera. 

Relata con crudeza que hace doce años estuvo cerca de perder la vida en el asfalto. Le salvó el casco, que casi nunca usaba. Una tremenda caída en la Torquemada, en la provincia de Palencia, le postró mes y medio en una cama de un hospital y le costó más de nueve meses de recuperación. A pesar de ello, al menos cuatro veces a la semana, sigue saliendo en bicicleta y cada año pedalea más de 15.000 kilómetros, con su “grupeta” de amigos ciclistas, que se hacen llamar “los estropeaos”.

 

Es José Luis Díez, prejubilado, a punto de anotar en su DNI los 65. Lleva más de 25 años en la carretera, pedaleando por diversión y también por salud. “Es muy bueno”, dice sin desenfundarse aún su maillot de invierno. Llega a nuestra redacción, como no podía ser de otra manera, en bicicleta. Tras la ruta diaria: 80 kilómetros enseña en su crono.

 

Tras la muerte de un ciclista de 35 años, hace tan solo unos días en la Ronda Exterior en Valladolid, los aficionados al mundo del deporte de las dos ruedas hacen piña. “La carretera es muy peligrosa para el ciclista, muy pocos conductores nos respetan y gran parte nos ven como un bicho raro y un estorbo en la calzada, porque no conocen el código de circulación”, apunta.

 

En sus miles de kilómetros de asfalto, José Luis ha visto de todo. “Tendrías que ver los adelantamientos que nos hacen”. ¿Y el metro y medio de seguridad que deben dejar los vehículos? Le interpela el periodista. El ciclista sonríe irónicamente.

 

“Falta concienciación en los conductores, es necesario mucha más educación vial desde edades tempranas; y más limpieza de los arcenes”, enumera. El miedo en la carretera es una constante, especialmente “hasta que sales de la ciudad; luego en carretera ya es más tranquilo”. No esconde que en algunos casos los ciclistas también pueden tener parte de su culpa, pero defiende que por norma general “solemos ser muy prudentes”.

 

"¿Seguridad en la carretera? Tendrías que ver algunos adelantamientos que nos hacen"

 

En el año 1980 comenzó a salir en bici. “Me convenció un amigo, que al poco tiempo lo dejó”, sonríe. El “veneno” de la bici lo atrapó y desde entonces no se ha bajado, a pesar de que en algunos momentos su familia no lo entienda. Algunas caídas e incluso la muerte sobre la bicicleta de un buen amigo (infarto) no han frenado su afición, a pesar de que “algunas veces pienses en mandarlo todo al carajo”.

 

Pero la afición es la afición y “mientras el cuerpo aguante", José Luis Díez seguirá pedalada a pedalada completando kilómetros por las carreteras de la provincia. “Solemos recorrer la zona de Portillo, Traspinedo, Viloria, Cuéllar, Vallelado… siempre con parda obliga en Tudela para tomar café”, explica el ciclista, quien enumera las salidas “oficiales”: martes, jueves, sábado y domingo. Aunque no renuncia algunos retos muy del gusto de los ciclistas. “He subido los Lagos, donde gané una apuesta, el Angliru, que es lo más duro que existe, o puertos tan conocidos como el Tourmalet, en Prineos o Sierra Nevada”.

 

Coronar alguna de estas míticas cimas hace olvidar lo sinsabores y malos momentos, como aquella fatídica caída que le produjo una dolorosa rotura de pelvis o algunos momentos de peligro en la carretera, cuando los espejos retrovisores de los coches silvan en su nuca. Es el "veneno" del ciclismo y José Luis está envenenado hasta las trancas.

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