José Delfín Val, 25 años de entrega a la radio

El periodista y escritor recuerda con cariño un programa que realizó diariamente durante cuatro años y en el que viajaba por la provincia de Valladolid para dar 'voz' a los pueblos.

Un sonido radiofónico: el sonido de la campana en el último viaje del Tren Burra que yo grabé para cubrir la noticia.

 

Un  momento radiofónico: en fiestas de Valladolid hacíamos un magazine de varias horas por la tarde. Más de dos se ocupaban con la retrasmisión de la corrida de toros. Llovió y se suspendió el festejo. Fernando Fernández Román se presentó en el estudio con los tres toreros.

 

Una anécdota: me parece significativo que una emisora como La Voz de Valladolid organizara un festival de la canción de la paz y recibiera letra y música de poetas consagrados.

 

Qué noticia le hubiera gustado contar: más bien me hubiera gustado no contar muchas noticias relacionadas con lo mal que nos lo hicieron pasar ETA.

 

La radio en una palabra: libertad.

Jose Delfín Val es académico de Bellas Artes, escritor y buen cronista de su ciudad adoptiva, Valladolid. No presume de su faceta menos conocida pero también prolífica, la de pintor. Pero hoy en Las Voces de Valladolid nos centraremos en sus 25 años de profesional en la radio, una labor que le ha llevado a codearse en el arte de la entrevista con genios como Fellini, pero también a recorrer, de cabo a rabo, con su Renault Fuego la provincia para dar buena cuenta de un entrañable programa titulado 'Corazón de Castilla'. Corazón y voz. José Delfín Val en estado puro.

 

“Lo más importante que hecho en radio y más ha trascendido en estos 25 años de profesión ha sido viajar por la provincia de Valladolid”, habla José Delfín Val quien recuerda que junto al folclorista Joaquín Díaz realizaba un programa bautizado como 'Corazón de Castilla' en el que se daba voz a los pueblos. “Igual nos contaban los problemas que tenía un alcalde, como se relataban las fiestas de esa localidad y, por supuesto, se rescataba la cultura popular”. José Delfín señala: “Durante cuatro años se realizó de lunes a viernes”.

 

Hoy todos los brutos de ese sueño radiofónico, más de 10.000 metros de cinta abierta, reposan a la espera de que alguien pueda rescatarlos del olvido y ponerlos a buen recaudo en un formato no tan endeble como la cinta magnética. Sería una buena labor que permitiría conocer mejor la cultura popular/rural y la radiofónica.

 

A este salmantino con corazón vallisoletano la profesión le vino de su padre. Redactor en el histórico El Adelanto de Salamanca, José Delfín Val hizo sus primeros pinitos en este medio “y no porque me diera la alternativa mi padre, sino más bien sus compañeros de trabajo”, alerta el periodista y escritor. De ahí a Radio Salamanca y Radio Popular, también en la capital charra, para dar el salto a Valladolid. “Primero recalé en La Voz de Valladolid”. De esta gran escuela de profesionales, José Delfín Val ya firmaría toda su carrera en la cadena pública y cinco años en Televisión Española, para sumar la nada desdeñable de 25 años haciendo radio.

 

 

Recuerda su paso por La Voz de Valladolid con mucho cariño. “Fue una cadena que hizo músculo radiofónico y formó a grandes profesionales que salieron a otras cadenas”. No puede por menos que señalar a Javier Ares, Fernando Fernández Román, Ángel María de Pablos o José Miguel Ortega. Hace una pausa reverencial para seguir hablando de María Teresa Yñigo de Toro “una gran maestra para mí”.

 

Y si sus viajes por la provincia fueron cotidianos y enriquecedores, no menos lo fue su etapa como enviado especial a Cannes, para informar del Midem. Allí tuvo la suerte de entrevistar a personajes archiconocidos como Frank Pourcel, Federico Fellini, Charles Aznavour o Elton John, aunque este último rehusó de las preguntas del periodista, que relata su curiosa anécdota con el cantante y compositor inglés.

 

Aún conserva en su casa-estudio los aparatos magnetofónicos que utilizaba en sus entrevistas. “Eran recursos muy artesanales, muy entrañables y muy de la vieja escuela de la radio”. “Yo montaba con dos aparatos y enviaba la cinta por avión a Madrid, cuando estaba en Francia, para que pudieran ser emitidos estos programas”, explica con un brillo en los ojos de aquel que amó su profesión por encima de todo.